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Se amplía programa que ayuda a estudiantes a transitar de la cárcel a la universidad

Este artículo es proyecto de la clase de Periodismo Latino que imparte la profesora Katynka Martínez en la Universidad Estatal en San Francisco.

Jared Walker posa para un retrato en la Universidad Estatal en San Francisco, a donde pudo asistir con ayuda del Project Rebound, donde ahora trabaja. Foto: Ericka Cruz Guevarra
Jason Bell posa para un retrato en la Universidad Estatal en San Francisco, a donde pudo asistir con ayuda del Project Rebound, donde ahora trabaja. Foto: Ericka Cruz Guevarra

Si le preguntas a Jared Walker cuánto tiempo estuvo en prisión, te dirá con exactitud: 1,005 días.

Esa cifra la calculó en su cabeza muchas veces mientras estuvo encarcelado; es una cifra que la lleva dentro.

“Desperté en la cárcel mil veces y eso es algo que no se olvida”, nos dice.

Solo dos semanas después de cumplir 21 años, fue enviado a cumplir su condena a la Institución Vocacional Deuel en Tracy antes de ser trasladado a la California Men’s Colony en San Luis Obispo. Mientras se encontraba en prisión, conoció a un hombre llamado ‘Blaze’ quien por casualidad le contó de un programa diseñado para ayudar a personas encarceladas a inscribirse en la universidad. Cuando fué liberado, después de servir tres años en la cárcel, Walker visitó el programa conocido como Project Rebound en la oficina ubicada en la Universidad Estatal de San Francisco.

Fundado en 1967 por el sociólogo John Irwin, el Project Rebound ayuda a ex reclusos a completar una educación y así evitar reincidencia, eliminando con ello las barreras que muchos enfrentan al tratar de reintegrarse a la sociedad. Esto incluye ayuda para navegar a través del proceso de ayuda financiera e incluso con necesidades básicas, como la comida y el transporte.

“Cerca de la mitad de los que conocí en la cárcel cumplían cadena perpetua”, dice Walker, quien tiene 26 años. “Así que vi eso y me dije, ‘No puedo dejar que esto me pase a mí’ y me empeñé en conseguirlo”.

Y lo consiguió. En mayo, Walker fue uno de los cerca de mil estudiantes ex reclusos graduados de la Universidad Estatal de San Francisco con la ayuda del Project Rebound. Se graduó con un diploma en finanzas y ahora trabaja como especialista en datos para el mismo programa el cual ahora se ampliará a siete universidades más de la California State University (CSU) que proveerá a personas ex presidiarias del estado la misma oportunidad para obtener un diploma.

“Al principio mi mayor ambición era que talvez pudiéramos estar en tres sedes distintas”, explica Jason Bell, el director regional del Project Rebound. “Dije, ‘si podemos hacerlo, creo que realmente ayudaríamos a cubrir las necesidades que se precisan cubrir”.

En la primavera de 2017 el programa prestará ayuda en siete universidades de la CSU: Sacramento, Fresno, Bakersfield, Fullerton, San Diego, San Bernadino y Cal Poly.

“El tema que siempre discuto con esto que llaman ‘reingreso’ en la sociedad, es que no se puede hacer nada con cierto éxito sin educación”, dice Bell, quien también estuvo en el Project Rebound a la edad de 30 años después de servir una condena de 10 años en la Prisión Estatal de San Quintín. Se graduó con un diploma de sociología y consejería.

La extensión de Rebound recibió parte de sus fondos de la Renewing Communities Initiative la cual es parte de la organización no lucrativa Opportunity Institute la cual se comprometió con $500 mil para llevar a cabo dicha expansión informó Bell.

Con la aprobación de la Propuesta 57 en California, los oficiales de las cárceles estatales pueden reducir las condenas de los encarcelados que se comporten bien y participen en programas educativos. Bell dijo que la expansión del programa proveerá las muy necesarias oportunidades para lo que él dice, será una afluencia de personas a quienes les será revisada su condena”.

Y según un reporte de 2013 llevado a cabo por la Corporación RAND, titulado Evaluando la eficacia de la educación correccional: un análisis de programas que proporcionan educación a los adultos encarcelados, la educación es la herramienta más económica para reducir la reincidencia. El estudio encontró que los presos que participan en programas educativos tienen 43 por ciento menos posibilidades de volver a la cárcel comparado con aquellos que no participan en ellos.

Ahora, dice Bell, su responsabilidad es asegurarse que aquellos componentes importantes que formaron parte de la misión original sean implementados en las nuevas sedes. Esto incluye emplear a aquellas personas que han estado encarceladas —como Walker.

“No se puede subestimar lo valioso que ha sido este programa [Project Rebound] para aquellos como yo”, dice Walker. “Se necesitan personas que vayan a ser como ‘Oye, tú puedes, métete aquí y te apotaremos con lo que necesites’. Tienes que tener gente así, y el Project Rebound lo tiene”.

—Traducido por Hilda Ayala

Story by: Éricka Cruz Guevarra