A más de 3 mil kilómetros de distancia del Estadio Azteca en la Ciudad de México, cientos de residentes de San Francisco convirtieron el jueves 11 de junio al Distrito Misión en un mar tricolor, verde, blanco y rojo, conforme la afición se volcó a restaurantes y bares de la zona para ver la transmisión en vivo del partido México contra Sudáfrica, el primero de la Copa Mundial 2026 de la FIFA. 

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El torneo internacional de fútbol, organizado conjuntamente por México, los Estados Unidos y Canadá —incluyendo algunos partidos en el Área de la Bahía— ya está reuniendo a la afición futbolera y a las diversas comunidades migrantes de la ciudad para celebrar a sus equipos y revivir los recuerdos de sus hogares.

A pesar de que el partido se jugó a mitad del día, los bares deportivos más populares de la ciudad se llenaron de personas entusiastas dispuestas a ver jugar a México. Hubo quienes aprovecharon los descansos prolongados para almorzar y los días de trabajo remoto, mientras que otras personas se tomaron tiempo libre en el trabajo para asistir a las watch parties o fiestas futboleras que por toda la ciudad transmitieron en vivo el partido. Muchas de ellas portaron sombreros gigantes y ondeaban banderas mexicanas con rayas rojas, blancas y verdes pintadas en las mejillas.

Al terminar el partido, con México asegurando una victoria por 2-0, los bares estallaron en vítores, llenando de energía las calles que, de otro modo, habrían estado tranquilas a mitad del día. Por todo el Distrito Misión, tanto el personal de las barberías y restaurantes, como su clientela, lucieron la clásica camiseta de la selección mexicana, para luego continuar con su jornada laboral tras haber seguido el encuentro desde teléfonos y televisores.

El Tecolote documentó cómo la comunidad mexicana de San Francisco vivió este primer partido del Mundial. Entrevistamos a residentes sobre el fútbol y lo que significa alentar a México lejos de la tierra que les vio nacer.

Sofía Lechuga, de 31 años de edad, celebra la primera victoria de México en el Mundial, en el Napper Tandy, un pub irlandés y bar deportivo en el Distrito Misión de San Francisco, el 11 de junio de 2026. Foto: Emma Garcia.

Sofía Lechuga, de 31 años de edad, que portaba una camiseta blanca de la selección mexicana y una bandana, comentó que la energía en el Napper Tandy le recordaba a los partidos de fútbol a los que asistía de niña en la Ciudad de México, donde nació y creció.

“Todo el mundo extraña su hogar”, expresó esta chef, quien ha vivido en San Francisco la última década. “Por eso, cuando nos reunimos, simplemente nos sentimos más cerca de México”.

Héctor, de 11 años de edad, junto a su gemelo Damien, familiares y amistades ven el partido inaugural de México en la Copa Mundial de la FIFA, en The Napper Tandy, en el Distrito Misión de San Francisco, el 11 de junio de 2026. Foto: Emma Garcia.

Héctor, de 11 años de edad, junto con su gemelo Damián, familiares y amistades se reunieron alrededor de una mesa grande en el mismo restaurante-bar, con muchas ganas de comer alitas picantes y ver jugar a su equipo favorito. Se pasaban de mano en mano varios accesorios, como un gorro temático de México y una bandera mexicana gigante que ondeaban cada vez que el equipo anotaba un gol. Tras asegurar el triunfo, estallaron en saltos y abrazos para celebrar la victoria.

“Me siento increíble”, dijo Héctor, quien juega fútbol en San Francisco con su primo. Compartió que tanto él como su hermano están muy entusiasmados por las finales y por seguir apoyando a sus equipos favoritos. “Simplemente me encanta ver el Mundial”, añadió.

Gilberto, de 31 años de edad, sigue la transmisión del partido entre México y Sudáfrica de la Copa Mundial de la FIFA, junto a sus compañeros de trabajo, en The Napper Tandy, en el Distrito Misión de San Francisco, el 11 de junio de 2026. Foto: Emma Garcia. 

Gilberto, de 35 años de edad y originario de Toluca, México, ha vivido en el Área de la Bahía durante una década y se desempeña en el sector de la construcción. Durante el partido inaugural, vistió la camiseta verde brillante de México y un sombrero gigante. Comentó que hizo una pausa en sus labores junto con varios compañeros de trabajo para ver el partido.

“Hoy juega México, así que hay que apoyar”, expresó. Lo mejor de cualquier Mundial, añadió, es “cuando México gana”.

Ruby, de 31 años de edad, compartió que aprovechó las vacaciones de verano para ver el juego en comunidad: “Especialmente en el contexto actual, es muy importante sentir orgullo de dónde vienes y de tus raíces”. Para esta psicóloga del Distrito Escolar Unificado de San Francisco (SFUSD, por sus siglas en inglés), nacida y criada en el Distrito Misión, ver el partido le hace sentir como en casa. “Así que estoy muy feliz de estar aquí”.

Omar (con playera blanca), de 28 años de edad, presta atención a una repetición durante el partido entre México y Sudáfrica de la Copa Mundial 2026 de la FIFA en Danny Coyle’s, un bar deportivo en Lower Haight en San Francisco.

Omar, de 28 años de edad, no perdió de vista el encuentro mientras disfrutaba de unas cervezas en el pub deportivo Danny Coyle’s, en Lower Haight. El originario de la Ciudad de México, que ahora vive en Oakland pero trabaja en la tienda Levi’s de San Francisco, se mostró entusiasmado por salir con sus amistades a lo largo del torneo.

“Es el partido inaugural. Como fan de este deporte, lo iba a ver de todos modos, pero el hecho de que juegue México es como: ‘No me lo puedo perder’, ¿sabes?”, comentó. “No voy a ir a ningún partido en el estadio, pero creo que esto es mejor. Llegas a conocer gente, a entablar conversación y, simplemente, disfrutar del juego”.

Para Carolina Belier, quien también acudió a ver el partido en Danny Coyle’s, el Mundial representa una oportunidad para pasar tiempo en familia, luciendo la camiseta de la selección mexicana. “Me hace muy feliz estar aquí con mi gente, con nuestras amistades. Esto es una tradición para nosotros” dijo esta propietaria de un salón de belleza en San Francisco, quien creció en la frontera entre San Diego y Tijuana. “He visto el Mundial con mi familia desde que era pequeña, y es una tradición que ahora quiero transmitir a mis hijos”.