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Profundas conversaciones de sobremesa

Profundas conversaciones de sobremesa

Recientemente tuvimos una comida familiar en nuestra casa. Justo después de los horribles sucesos de Uvalde, Texas, donde 19 niños y niñas, además de dos maestras, fueron asesinados.

Nuestra familia está conformada por maestros y maestras. Esa noche, cinco educadores estábamos alrededor de la mesa. Cuatro imparten clases (o lo hicieron) en escuelas elementales.

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Después de cenar, una de mis hijas, su madre y la compañera de mi hijo, que trabajan o han trabajado en el Distrito Escolar Unificado de San Francisco, intercambiaron estos pensamientos. Escuché a mis maestras con un callado asombro. Pero tomé notas mentales. Aquí las comparto.


Una: ¿Han practicado medidas de seguridad en sus clases?

Dos: ¡Por supuesto! ¡Pero me disgusta mucho! Me enoja, y me entristece.

Tres: He tenido varios estudiantes que se asustaron tanto cuando estaban en el piso, calladitos ¡que se orinaron!

Una: ¡Ay! Eso también pasó en mi clase. ¡Pobrecitos! 

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Dos: Mi sala de clases es la primera que encuentras ¡justo al lado de la entrada a la escuela! Eso me preocupa ¡mucho! ¡Casi al lado de la calle! 

Tres: ¿Y qué harían ustedes si eso llega a pasar, que un tipo armado se meta a tu escuela?

(Hubo una larga pausa. Las cabezas se movían de lado a lado, contemplando la fea posibilidad)

Dos: (Después de un largo suspiro) No estoy segura, pero hay algo que sé muy bien: ¡defenderé a mis hijos!…err…a mis estudiantes. ¡No lo voy a dudar!

(Las otras dos están de acuerdo. Otra larga pausa, hasta que una habla)

Tres: ¿Tendrían una pistola en la clase?

Una: ¡Ni loca! ¡Muy peligroso! ¡Odio las pistolas!

Tres: Nunca he usado una pistola, pero, tal vez debiera aprender a usarlas.

Dos: Pero, si usas una pistola, hay que tener mucho cuidado y tenerla bien guardada, lejos de los niños (Pausa) ¡Que caray!! ¡Lejos de toda la gente!

Una: Seguro. Tan bien guardada, que cuando logres sacar la pistola de tu escondite ¡el intruso ya estará dentro de la clase!

Tres: Yo estaría tan nerviosa, ¡que dispararía a todas partes y erraría!

Dos: ¡O le dispararías a alguien sin querer!

Tres: ¡Cierto! Fíjense en lo que pasó hace solo dos semanas, ¡cuando esos dos hombres indigentes fueron baleados por la policía! ¡Se estaban peleando entre ellos! Se supone que la policía estaba ahí para asegurar que nadie saliera herido ¡y mataron a los dos que peleaban!

Una: “Servir y Proteger” ¡Ja!

Tres: ¡Como los policías de Uvalde!

Dos: ¡Un mal chiste!

Una: Mi mami siempre decía: “Las armas las carga el Diablo!’

Dos: ¡Con la ayuda de la Asociación Nacional de Rifles y el “Lobby” de las Armas!

Tres: (Sacudiendo su cabeza con vehemencia) Ellos, no tanto: ¡lo peor es la Constitución!

Dos: ¡Cierto! Esa excusa tonta de la Segunda Enmienda. ¡Intocable!

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Una: ¡Como si fuera la Biblia!

Tres: Creo que muchos quisieran meter copias de la Segunda Enmienda dentro de biblias y colocarlas en todos los moteles de los Estados Unidos!

(Las tres se echan a reír. Son risas con poco entusiasmo. Después, otra pausa)

Una: El próximo semestre, planeo enseñar a mis estudiantes cómo saltar por las ventanas hacia el patio de afuera. Para correr. No es un salto muy grande.

Tres: Tal vez un carpintero puede ayudarte a construir una resbaladilla con una tabla, algo que se pueda sacar por las ventanas ¡Como esas cosas que usan los aviones en caso de emergencia!

Dos: Cambiemos el tema. Este asunto me deprime.

Estoy de acuerdo con mis queridas maestras. Es un tema deprimente. No me hace feliz escribir acerca de este tema. Sin embargo, el tema no abandona mi cabeza, y estoy seguro que no soy el único que siente el peso de las violentas atrocidades que nos rodean. Escribir acerca de ellas me ayuda —como espero que ayude a los lectores— a digerir este abrumador tema.

Otros temas, relacionados, se repiten en mi mente: ¿Por qué muchos esperan que los maestros y maestras se responsabilicen de una situación que —claramente—otra gente descuidada e irresponsable ha creado?

Los educadores, supuestamente, son venerados, necesarios, incluso esenciales miembros de nuestra sociedad. Si eso es así, ¿por qué no se les da el  apoyo que necesitan y  merecen? En Uvalde, por ejemplo, el cobarde cuerpo policial recibe el 40 % del presupuesto de la ciudad.

Los profesores de primaria, no solo en Uvalde, sino a lo largo de esta nación —incluyendo a San Francisco— son tratados como una especie de niñeras glorificadas, ¡pero sus sueldos son más bajos que el de muchas niñeras!

¿Por qué se espera que los educadores deban añadir a sus muchas tareas, el ser también defensores armados, aprender a usar armas, servir como muros humanos protectores de sus estudiantes, cuando el sueldo que se les paga no les alcanza para vivir cómodamente? Especialmente en el área de la Bahía de San Francisco, tal vez el sitio más ridículamente caro del mundo.

Para terminar, un pequeño seguimiento a otro tema, que esas maestras de mi familia tocaron en su conversación: ¿Por qué la Constitución es considerada ‘sacrosanta’? ¿Intocable?

En otros países (como en Chile, en estos días) el pueblo chileno está democráticamente empeñado en crear una nueva constitución. Porque hasta los documentos ‘sacrosantos’ a menudo no envejecen bien.

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