Now Reading
Proyecto de periodismo comunitario revela abuso de propietarios y hacinamiento de la comunidad latina al este de Oakland

La periodista y documentalista de derechos humanos, Madeleine Bair se ha unido a El Tecolote para publicar historias de El Tímpano, un nuevo proyecto de reportaje comunitario que atiende a la comunidad inmigrante latina de Oakland.

[su_carousel source=»media: 37823,37825,37826,37819,37820″ limit=»65″ link=»lightbox» width=»800″ height=»540″ responsive=»no» items=»1″]

Era pasada la medianoche cuando Graciela escuchó un golpe en la puerta de su departamento. “Estaba dormida, y entonces dije: ‘¿Quién esta allí?’”. De pie, afuera, estaba el nuevo dueño de su edificio, colocando avisos de que los inquilinos tendrían que irse. Esta notificación nocturna no era la única forma en que el propietario estaba haciendo la vida miserable al departamento de Graciela. Desde que compró la propiedad en febrero, había impuesto nuevas reglas. Ya no podía tener plantas en el patio. Sus nietos no podían jugar afuera. Ella no podía tener una parrilla en el área común. Y ahora, “Tenemos dos cámaras al pie de las ventanas de nuestro dormitorio que registran lo que decimos”, que están entre más de una docena que había instalado alrededor del dúplex. Ella había luchado contra el desalojo antes, pero ahora, “solo quiero irme por culpa de este hombre”. Graciela, su esposo y su hijo pronto se mudarán con otros parientes. Su hogar se ha convertido en una pesadilla.

Historias como estas se han convertido en algo común al este de Oakland. Desde 2012, el alquiler en la ciudad ha aumentado más del 50 por ciento, el segundo incremento más alto de la nación. Si bien el crecimiento de las tiendas de campaña es un signo visible de la crisis de vivienda en el Área de la Bahía, y el incendio del Ghost Ship en 2016 llamó la atención sobre las situaciones de riesgo en las que muchos artistas locales se han visto, la experiencia de los inmigrantes de clase trabajadora ha pasado desapercibida y sin ser narrada.

Los inmigrantes latinos ganan los salarios más bajos de la zona, sin embargo, en la última década de aumento al alquiler, su población en Oakland ha aumentado. Entonces, ¿cómo están lidiando con el costo de vida astronómico? ¿Cómo están encontrando y conservando un hogar? ¿Y qué les gustaría cambiar?

El Tímpano fue creado para responder preguntas como esta al proporcionar un espacio para que los inmigrantes latinos de Oakland compartan sus historias. Nos asociamos con el artista local Iván López para construir un micrófono encerrado en una escultura inspirada en una concha de mar, y durante todo abril lo llevamos por el este de Oakland e invitamos a los residentes a compartir su historia sobre ese aumento. Al mismo tiempo, proporcionamos información sobre recursos locales que pueden orientar sobre diversos problemas de vivienda. Recopilamos historias de vendedores ambulantes, trabajadores de la construcción, jornaleros y amas de casa, de antiguos residentes de Oakland, desplazados de otras ciudades del Área de la Bahía y de inmigrantes recién llegados.

Cada uno de los 104 residentes que se acercaron al micrófono tuvo una experiencia única para compartir, pero entre ellos surgieron historias más complejas en dificultades que enfrentan las familias inmigrantes. “Atrapados” o “atrapado” es una palabra que escuchamos a menudo. Ante el aumento al alquiler y los salarios estancados, los residentes nos contaron cómo están atrapados viviendo en condiciones deplorables y obligados a tomar decisiones terribles. “Uno tiene que seguir buscando otra opción o un turno extra de trabajo para poder cubrir las facturas”, dijo Beatriz. Otro colaborador, José, nos dijo que vive en la trastienda de una peluquería. Si bien no se quejó, dijo que le gustaría una cama más cómoda. Los padres expresaron su deseo de mudarse a un lugar donde sus hijos puedan jugar con seguridad en las calles, o donde tengan más espacio para una familia en crecimiento, pero no hay una alternativa asequible.

Lo que todos los contribuyentes quieren es que sus historias sean escuchadas. Como Rosa, una antigua propietaria que ha visto a sus vecinos luchar, nos dijo: “No soy la persona para resolver el problema, pero quiero que nuestro gobierno escuche la voz de los residentes para que puedan hacer algo”.

A continuación hay una pequeña selección de las historias de los residentes de Oakland, en sus propias palabras:

[su_youtube url=»https://youtu.be/dwegRptZldY»]

Irma

Antes vivía en San Francisco, pero me mudé debido a la renta que subió allí en el 98. Vine a Oakland porque era más barato, pero ahora está por las nubes. Cuando llegué, había mucha violencia. Es un lugar que categorizan como muy peligroso para vivir. Pero sé que somos nosotros los que lo hacemos peligroso y somos nosotros los que vivimos aquí los que podemos marcar la diferencia. No creo que la solución sea pasar de allí, sino vivir en un lugar donde te sientas cómodo. Pero lamentablemente no es que la gente se esté mudando, sino que la gente tiene que mudarse debido a la renta. Es cara. Quiero tener mi propia casa, pero aquí en Oakland no veo que eso sea posible. Mi familia, todos viven en Modesto, en Fresno porque no pueden comprar una casa aquí. Es muy triste que nos veamos obligados a mudarnos. La comunidad hispana es una comunidad que lamentablemente tiene bajos ingresos y no podemos pagar. Nos encanta vivir en Oakland. Hay muchas cosas que podemos contribuir, pero los salarios no suben.

Ramón

Como vendedores de paletas, nos cobran $200 por mes en promedio por alojamiento. Justo ahí está el almacén de paletas y ahí es donde vivimos. Ocho de nosotros habitamos en un pequeño pasillo. No cabe más que una pequeña cama para dormir y encima puedes poner un televisor. Y en la parte de atrás hay una pequeña cocina. Solo voy allí a dormir. Es una pocilga. Hay ratas. Es feo, pero la necesidad conduce a uno a un camino para mantener a la familia. En mi caso, yo era abogado en México, imagínate eso, me vine porque no pude soportar la corrupción. No pude soportarlo. Vine aquí y descubro que estoy empujando un carrito de paletas, vendiendo paletas, para enviar dinero a mi familia.

José

Tengo 17 años de edad. Saco $250 de mi salario cada dos semanas para alquiler. El lugar donde vivo es un lugar agradable, pero salir es peligroso. ¿Qué es lo que lo hace sentir como en casa? Mi familia está allí. La parte más difícil de vivir allí es que no nos sentimos cómodos. Hay 12 personas. En cada habitación hay 4 personas, y muy poco espacio. Todo el lugar es muy pequeño para nosotros y caro, y por eso tengo que pagar el alquiler, y tengo 17 años.

Elvira

El porcentaje [de nuestros salarios] que usamos para pagar el alquiler es casi del 100 por ciento porque ahora el alquiler es muy caro. El salario no es suficiente en este momento para pagarlo. Aparte de eso, es un lugar muy antiguo. No es un lugar muy agradable, puedes decir. Es muy peligroso. En la esquina de donde vivo hay una licorería y siempre hay tiroteos. Los autos pasan muy rápido, es súper peligroso.

Gabriela

Vivo por donde Dios olvidó pasar. Vivo en un callejón, y es muy feo. Aquí es donde las personas van a dejar las cosas que ya no usan. Es como un basurero. Pero mi apartamento es muy agradable y el propietario donde vivo es una persona hermosa. Me sentí como en casa desde la primera vez que lo vi. Me encanta cómo es, su piso de madera, la cocina. Me encanta que mis vecinos sean gente estupenda, y me encanta que cuando llego a casa siempre haya un perro esperándome a mí y a mis dos hijos juntos al final del día.

Para escuchar más historias de El Tímpano: Vivienda, vaya a Sights & Sounds of East Oakland, un evento que presenta historias locales el domingo 20 de mayo de 6 a 9 de la noche en Red Bay Coffee, 3098 E. 10th Street, Oakland 94601. Para obtener mayor información sobre el evento, visite Sightsandsoundslive.org. Para mayor información sobre El Tímpano, visite a Eltimpano.org. ‘El Tímpano: Vivienda’, fue posible gracias al apoyo de California Humanities, una organización sin fines de lucro del National Endowment for the Humanities. Visite Calhum.org.

Story by: Madeleine Bair