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Cuba: Al machete y con la luz apagá

Cuba: Al machete y con la luz apagá

Cuando pienso en lo que sucede en este momento en Cuba y mi propia vida, solo veo hip hop cubano. Lo veo teniendo en cuenta que dicho estilo de vida surge en 1979, y que durante mucho tiempo y de forma muy aislada entre uno(a)s y otro(a)s, cada habitante en este país ha estado gritando a los cuatro vientos: ¡Hola mundo, aquí estoy, existo! 

El mundo ha hecho oídos sordos a esta necesidad. Realmente ha sido mucho más fácil ver el reclamo proyectado de forma totalitaria desde la cima que impera en Cuba y la han asumido como única representante de millones de personas, sin siquiera darse cuenta de la existencia de un pueblo sin voz ni voto, más la suma de las crisis migratorias que ha provocado.

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Así que ver lo acontecido desde el 11 de julio de 2021 e intentar argumentar los sucesos desde el discurso instaurado y posicionado por la cima de dicha montaña desde los 90, tras la caída del campo socialista, es lo peor que puede hacer cualquier persona en pos del desarrollo sostenible y equilibrado del mundo, porque no cabe duda su impacto.

Por eso hoy me siento a observar mi vida intentando encontrar calma y tranquilidad para mostrarle a usted —que me lee— cómo es la vida de cualquier cubano a partir de mi historia. En ese sentido puedo decir que en mi niñez me hicieron entender la vida más allá de mí mismo, es decir, mi capacidad para asumirme como ser humano era nula; me convencieron de que todo lo que importaba era el pueblo, no obstante, quien se encargaba de lograr esto, quien lo administraba, y con ello mi propia existencia, realmente era y es el Estado, desde un representante designado por otro representante designado también y nadie —absolutamente nadie— ni yo ni el resto de mis similares, lo elegimos para hacerlo.

En mi adolescencia la carencia me hizo tomar la primera decisión sin siquiera saberlo: becarme, o lo que es igual, irme de la casa para ingresar a una escuela internado, solo pudiendo visitar a mis padres y amigos de toda la infancia, tres días cada once que pasaba interno y todo ello con el objetivo de convertirme en deportista. Las razones para hacer esto nunca fueron claras; eso sí, me llamaba mucho la atención que los deportistas salían en la televisión, usaban marcas de ropa que yo quería usar y, además, desde niño siempre me gustó el deporte. Más tarde me di cuenta que la inmensa mayoría de los negros de mi generación pensaba de forma muy similar en ese sentido. 

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Después de mucho andar y lidiar con la realidad alrededor del deporte me frustré, sin siquiera saber en ese instante lo que pasaba en mi interior porque el universo espiritual-emocional era un tema que nos borraron totalmente de nuestra forma de pensar. En Cuba cuando se hablaba de espiritualidad, se hablaba de religión y la religión era el opio de los pueblos, así que la única opción inmediata que me quedó fue pasar dos años de forma obligatoria en el Servicio Militar y al salir ya estaba enfermo de úlceras —estas me han acompañado por más de 20 años. Fue así que con las ansias de ganar dinero al salir del Servicio, comencé a trabajar, fue muy provechoso pero duró poco tiempo gracias a esos criterios totalitarios que manejan las personas designadas alrededor de la cúpula de la montaña y tras el hecho, mi padre, me alentó a retomar el deporte. De igual forma mi preparación era escasa para responderle que el deporte me impediría el crecimiento que visionaba; a su vez, me impedía también darme cuenta que lo hacía con el ánimo de apoyarme a lograr el objetivo de ser deportista. 

Luego de encontrar que otro trabajo satisfacía lo que deseaba, las contradicciones interiores juveniles crecieron, era tanto y tanto lo que pensaba entre los 20 y 25 años de edad que sin necesidad alguna comencé a tener miedo de pensar y eso me causó mucho daño psicológico, lo peor de todo era que no sabía los motivos por los cuales sucedía, ya que tenía todo y cuanto deseaba, lo que traduzco en: trabajo para poder inventar y el invento me daba los frutos económicos que siempre había buscado. En realidad puedo decir que las contradicciones entre lo que deseaba como vida y lo que significa realmente vivir, nada tenía que ver con lo que estaba viviendo. Esa forma de vida me obligaba a mentirme mientras mentía para obtener los frutos del invento.

Ahora bien, esto que tanto daño me hacía, el Movimiento de Rap Cubano fungió como doctor que diagnosticó la enfermedad y medicamento para sanarme, erradicar de todos mis males psicológicos, de igual manera y desde la cima de la montaña, le cambiaron el rumbo al movimiento y tuve que buscar en la profundidad para reencontrarme, esta vez lidiando con otras toxicidades como la mezquindad humana de quienes habían logrado un espacio cimero dentro de este extinto movimiento, a tal punto que lograron casi exterminar, gracias a alinearse a lo que proponían en la cima de la montaña.

La vida me invitó a tomar una decisión y no fue difícil; solo tuve que asumir lo que pensaba, para actuar de forma coherente. El trabajador pasó y el ímpetu del emprendimiento —palabra que no conocía en ese momento— desde el arte, pasó a ser mi punta de lanza, mi impulso y combustible; no obstante, he necesitado 20 años para comprender todo esto que ahora me doy el lujo de describir con palabras, he necesitado darme cuenta que en un universo en el que las instituciones trabajan para controlar y poco desarrollar, se necesita hurgar profundamente y crear conceptos que formen una base de empoderamiento subjetivo cuando se tiene el ánimo de crecer y mientras uno crece —con total lógica y coherencia— aportar a la sociedad-realidad que te rodea, he necesitado hacer múltiples festivales de todo tipo y en ellos, crear espacios de interacción artística y debates para analizar lo que hacemos, vivimos y cómo lo hacemos y lo vivimos, a partir de lo que proponen los que nos tiran al margen, los que se encuentran en la cima.

Artista de la palabra, el afrocubano Elier Álvarez, en Cuba. Courtesy: Elier Alvarez

Ifá, la base espiritual de desarrollo del pueblo Yoruba y su sabiduría ancestral heredada por lo(a)s cubano(a)s, nos dice tras el Odu 11-7 —día de ocurrido los sucesos masivos en toda Cuba— Ojuani Odi: El monstruo salió del Mar o, El Monstruo salió a Flote. Miles de personas de todo el país, la mayoría de pueblo y sin tener esos 20 años de preparación ni poder analizar la manera en que nos despojaron de nuestra capacidad para emprender un camino, fueron los que tomaron la decisión de salir y manifestar su deseo de autodeterminación en toda Cuba. Antecedentes de tal magnitud nacional nunca la habíamos vivido, como el monstruo que pierde el miedo a ser visto por ese mundo que nos rodea y las imágenes en redes sociales lo muestran. 

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A la respuesta de represión abiertamente convocada tras la manipulación de divide y vencerás, una semana después, han hecho que instituciones globales de respeto histórico como Mason y otras de herencia africana como Abakua, se haya proyectado públicamente para decir basta, el pueblo tiene voz y se necesita lograr el voto que provea libertad. 

Por tanto la realidad de todo lo ocurrido es que se enfocaron políticamente durante muchos años y potenciaron comunicativamente, de cara a la política del país y las relaciones exteriores, la idea de que todo y cuanto ocurre en Cuba es debido al Embargo Económico de los EEUU, gracias al poder totalitario y el manejo absoluto de los medios de difusión masiva, mientras que personas designadas que respondían a los intereses de quien estaba en la cima han sido incapaces, durante más de 60 años, de gestionar instituciones que permitan el desarrollo del país en el que vivimos. 

Sobre todas las cosas, asfixia a los profesionales que poseen el conocimiento para lograr el avance de nuestro país, obligándolos a emigrar a otras latitudes en busca de un futuro mejor para sus vidas y la de sus familiares.

El embargo es secundario, pero se muestra en la palestra nacional e internacional como algo primario que afecta a la sociedad cubana, lo que ha vuelto invisible la realidad en la que vivimos, provocando que se establezcan evidentes capas sociales y proveyendo a los que están en la cima el poder de censurar y reprimir con el objetivo de poder seguir manejando abiertamente la opinión pública nacional e internacional, y que el mundo crea que realmente esto ha sido provocado por una injerencia extranjera y alejado la posibilidad de poder gritar a los cuatro vientos: ¡Existimos! Para que el mundo crea algo totalmente diferente.

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