{"id":54798,"date":"2023-02-08T15:58:02","date_gmt":"2023-02-08T23:58:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eltecolote.org\/content\/?p=54798"},"modified":"2023-02-08T15:58:04","modified_gmt":"2023-02-08T23:58:04","slug":"imborrables-recuerdos-femeninos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eltecolote.org\/content\/es\/imborrables-recuerdos-femeninos\/","title":{"rendered":"Imborrables recuerdos femeninos"},"content":{"rendered":"\n<p>Gran parte de mis primeros veinte a\u00f1os los pas\u00e9 en Chile, acompa\u00f1ado por seis mujeres.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-large\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"270\" height=\"480\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/Devils-Advocate_Carlos-Baron_01web-1.jpg?resize=270%2C480&#038;quality=89&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-32614\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Carlos Bar\u00f3n<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>En esa casa, que mis padres arrendaban en el campo, \u00e9ramos ocho. Margarita, mi bisabuela por parte de madre, era la m\u00e1s veterana.<\/p>\n\n\n\n<p>Elba, mi madre, era una mujer ocupada: profesora de Educaci\u00f3n F\u00edsica y reconocida atleta. Trabajaba en un Liceo de Ni\u00f1as de Santiago, a casi 45 kil\u00f3metros de nuestro hogar. Mi padre tambi\u00e9n era un ocupado abogado laboral, que estaba poco en casa, excepto en los fines de semana. Mis tres hermanas y yo sum\u00e1bamos siete.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra querida Nana Yolita era la pieza final. La sexta mujer en la casa. A los catorce a\u00f1os, qued\u00f3 hu\u00e9rfana. Tambi\u00e9n era de ra\u00edces campesinas, sin embargo, a diferencia de mi bisabuela Margarita, que era analfabeta, Yolita aprendi\u00f3 a leer y escribir en un orfanato dirigido por monjas.<\/p>\n\n\n\n<p>Al cumplir 16 a\u00f1os de edad, Yolita se vino a vivir con mi familia. Al principio, ella cuidaba de mi bisabuela. Luego, cuando mis tres hermanas y yo nacimos, se transform\u00f3 en nuestra querida segunda madre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Era una gran cocinera, maestra y amiga. Antes de que yo cumpliera 5 a\u00f1os, me ense\u00f1\u00f3 a leer y escribir, a dar de comer a nuestras pocas gallinas, a buscar y encontrar los huevos que esas gallinas escond\u00edan en el patio, a subirme al techo de la casa a secar los damascos (o chabacanos, como dicen en M\u00e9xico) de nuestro par de \u00e1rboles, o a montar el peque\u00f1o caballo del vecino. Yolita tambi\u00e9n ten\u00eda una risa f\u00e1cil. Le encantaba hacer bromas y fu\u00ed un blanco favorito de su f\u00e9rtil imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque mi padre tuviera el t\u00edtulo de \u201cjefe de familia\u201d, nuestra esencia familiar fue femenina. Seg\u00fan recuerdo, era Yolita quien realmente administraba nuestra vida diaria. Es tambi\u00e9n la primera mujer que surge en mi mente cuando pienso en imborrables recuerdos femeninos. Pero ella merece un art\u00edculo especial, o un libro.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"900\" height=\"900\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=900%2C900&#038;quality=89&#038;ssl=1\" alt=\"\" class=\"wp-image-54800\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?w=900&amp;quality=89&amp;ssl=1 900w, https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=250%2C250&amp;quality=89&amp;ssl=1 250w, https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=480%2C480&amp;quality=89&amp;ssl=1 480w, https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=768%2C768&amp;quality=89&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=800%2C800&amp;quality=89&amp;ssl=1 800w, https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=400%2C400&amp;quality=89&amp;ssl=1 400w, https:\/\/i0.wp.com\/eltecolote.org\/content\/wp-content\/uploads\/2023\/02\/9-COLOR-corregida_web-1.jpeg?resize=200%2C200&amp;quality=89&amp;ssl=1 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Ilustraci\u00f3n: Bruno Ferreira<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p>Sin embargo, en esta columna, quiero plasmar un par de breves pero inolvidables encuentros con otras mujeres. Experiencias de una m\u00e1gica realidad que me han acompa\u00f1ado toda mi vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer encuentro sucedi\u00f3 en Asunci\u00f3n, capital de Paraguay. Yo ten\u00eda 16 a\u00f1os de edad y viaj\u00e9 representando a Chile en un Campeonato Sud Americano de Tenis. Paraguay estaba bajo el control del dictador anti comunista Alfredo Stroessner, qui\u00e9n rein\u00f3 por 35 a\u00f1os, desde 1954 al 1989. Un duro per\u00edodo, tambi\u00e9n llamado como El Stronato.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis ideas pol\u00edticas maduraban r\u00e1pidamente. Seg\u00fan mis a\u00fan incipientes posiciones, Stroessner era un despreciable ser humano. \u00a1Imag\u00ednese mi horror cuando el jefe de nuestra delegaci\u00f3n nos dijo que \u201cMa\u00f1ana iremos a visitar el Palacio Presidencial y conoceremos al Presidente Stroessner\u201d! Me qued\u00e9 mudo, pero algo supe de inmediato: no pod\u00eda ir. No hice ning\u00fan discurso pol\u00edtico: solo me hice el enfermo. Al siguiente d\u00eda, la delegaci\u00f3n parti\u00f3 a conocer a Stroessner. Yo me qued\u00e9 en mi cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba nervioso. Aunque un tanto t\u00edmida, fue una de mis primeras decisiones pol\u00edticas. Solo en mi cuarto fu\u00ed hacia el balc\u00f3n, imaginando repercusiones negativas por esa leve falsedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Arriba, el cielo era una oscura amenaza. Tres pisos m\u00e1s abajo, la calle estaba llena de peatones. Al contrario de la mayor\u00eda de las calles importantes del mundo en esa \u00e9poca, por esa calle no transitaban veh\u00edculos. Por solo dos cuadras. El hotel se ergu\u00eda en una de ellas. De pronto, las oscuras nubes dieron paso a una lluvia torrencial. Los peatones desaparecieron r\u00e1pidamente, buscando refugio debajo de los toldos de las tiendas que enmarcaban la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos desaparecieron, excepto una persona. Avanzando hacia donde yo me ubicaba en mi privilegiado balc\u00f3n, una mujer caminaba por el medio de la calle. Estaba empap\u00e1ndose, pero no parec\u00eda importarle. Era una bella mujer y lo sab\u00eda. Una lluvia de gotas y palabras de admiraci\u00f3n, mezcla de castellano y guaran\u00ed (segundo idioma oficial en Paraguay), acompa\u00f1aban su tranquilo caminar, un confiado velero en ese alterado mar. Al pasar frente a mi balc\u00f3n, ella levant\u00f3 su mirada hacia m\u00ed, que la miraba, embelesado. Encontr\u00f3 mis ojos, sonri\u00f3 y sigui\u00f3 su camino.<\/p>\n\n\n\n<p>En la esquina, desapareci\u00f3. Sin embargo logr\u00f3 entrar, por siempre, en el m\u00e1s profundo rinc\u00f3n de mi coraz\u00f3n. Casi de inmediato, apenas dej\u00e9 de verla, supe que todo estar\u00eda bien. Esa mujer maravillosa era mi recompensa, por haber evitado estrechar la mano del dictador.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, caminando bajo el caliente sol caribe\u00f1o de San Juan, Puerto Rico, not\u00e9 que \u2014justo delante m\u00edo\u2014 iba una escultural mujer negra. Caminaba sin prisa, segura de s\u00ed misma, con un supremo aire de diosa terrenal.<\/p>\n\n\n\n<p>No pude resistir mis deseos de acercarme y hablarle. Apur\u00e9 un poco mis pasos y cuando estuve a su lado, le habl\u00e9: \u201cDisc\u00falpeme, pero tengo que preguntarle. Usted parece tan segura de s\u00ed misma, alguien que debe ser importante. \u00bfQui\u00e9n es usted?\u201d Ella se detuvo, me dedic\u00f3 una min\u00fascula sonrisa y dijo: \u201cSoy la mejor bailarina de \u2018bomba\u2019 de Puerto Rico\u201d. No me dijo su nombre, y no se lo pregunt\u00e9. Qued\u00e9 parado en la vereda ardiente y ella sigui\u00f3 su camino con ese paso elegante. Y as\u00ed se adentr\u00f3 en mi galer\u00eda de imborrables recuerdos femeninos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTiene usted imborrables recuerdos femeninos? Si es as\u00ed, vis\u00edtelos. En persona o en su memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gran parte de mis primeros veinte a\u00f1os los pas\u00e9 en Chile, acompa\u00f1ado por seis mujeres. En esa casa, que mis padres arrendaban en el campo, \u00e9ramos ocho. Margarita, mi bisabuela por parte de madre, era la m\u00e1s veterana. Elba, mi madre, era una mujer ocupada: profesora de Educaci\u00f3n F\u00edsica y reconocida atleta. 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