El emblemático Centro Cultural de la Misión para las Artes Latinas (MCCLA, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro que durante casi cinco décadas fue el corazón de la danza, el teatro, la música y las artes gráficas latinas de San Francisco, ha colapsado ante una crisis financiera insostenible.
En diciembre, casi todo el personal presentó su renuncia o fue despedido. El pasado 20 de enero, el centro se quedó sin fondos operativos y, el 26 de enero, cerró sus puertas de manera indefinida. El edificio, ahora vacío, ha quedado bajo la tutela de la Comisión de Artes de San Francisco (SFAC, también por sus siglas en inglés), entidad que representa a la ciudad, propietaria del inmueble.
El cierre es el desenlace de meses de inestabilidad económica, despidos y una programación cada vez más reducida. Aunque existían planes para reabrir a finales de enero con un horario limitado, la organización agotó sus recursos antes de poder concretarlos.
“Lo ideal hubiera sido que el MCCLA continuara”, señaló un integrante de la Comisión de Artes de San Francisco. “Sin embargo, recibimos informes que confirmaban que la institución carecía de personal y se encontraba en estado de insolvencia, lo cual representa un incumplimiento del contrato de arrendamiento”.
Esta declaración fue ofrecida el pasado martes desde el interior del edificio de casi 3,500 metros cuadrados, hoy vacío, para explicar por qué la Ciudad intervino para asegurar el inmueble durante este cierre prolongado.
Se prevé que el edificio permanezca cerrado al menos dos años. El MCCLA tenía planeado mudarse en junio de este año como preparación para las obras de reforzamiento sísmico que la Ciudad iniciará a principios de 2027.

Mientras tanto, desde el liderazgo comunitario de la Misión, hay una gran consternación por la noticia y se ha previsto una reunión el próximo lunes para analizar posibles soluciones.
“Este momento de transición es un llamado de alerta; no podemos dormirnos en los laureles ni limitarnos a disfrutar lo que generaciones anteriores construyeron con tanto esfuerzo”, afirmó Francisco Herrera, líder jornalero cuya organización sin fines de lucro, Nuevo Sol, se gestó en reuniones celebradas en este centro cultural en la Misión.
“Estaremos bien”, aseguró Bob Sánchez, presidente de la mesa directiva del MCCLA y comerciante de la Misión, a pesar de que el director ejecutivo interino, Dereck Jentzsch, presentó su renuncia el domingo 25 de enero, tras apenas dos semanas en el cargo.
“Hay mucha agitación en la comunidad en este momento”, admitió Sánchez. “Pero nuestra comunidad tiene grandes fortalezas. Nos organizaremos y trabajaremos en conjunto. Contamos con referentes comunitarios de gran capacidad a quienes podemos acudir para conformar una nueva mesa directiva”.
Tras la publicación de esta noticia, la oficina del alcalde Daniel Lurie envió un comunicado a El Tecolote señalando que “la alcaldía mantiene su compromiso con el futuro del recinto y trabaja en estrecha colaboración con representantes de la comunidad, artistas y sectores culturales para trazar una ruta que salvaguarde el legado cultural, el arte y los archivos del MCCLA”.
“El alcalde Lurie, la supervisora del Distrito 9 Jackie Fielder y la Comisión de Artes de San Francisco mantienen un diálogo activo con las organizaciones aliadas de la comunidad para planificar la gestión a largo plazo de las instalaciones. Esto incluye un importante proyecto de modernización y reforzamiento sísmico previsto para 2027. Mientras este trabajo avanza, la Ciudad seguirá explorando oportunidades para garantizar que este inmueble ubicado en el 2868 de la calle Misión continúe siendo un espacio cultural vibrante para las generaciones venideras”.

Mientras tanto, sin personal ni fondos operativos, el MCCLA planteó varias opciones drásticas en un correo electrónico enviado a la Comisión de Artes, al cual El Tecolote tuvo acceso.
En el mensaje, fechado el 14 de enero y titulado “Planificación de escenarios extremos del MCCLA”, quienes lo redactaron exponen hechos que califican como “desoladores”, en un intento por persuadir a la Ciudad de que adelante fondos de subvenciones para que el centro pueda permanecer abierto hasta junio.
El correo, firmado por Sánchez y Jentzsch —este último en su rol de director ejecutivo interino a tiempo parcial—, describe una crisis de liquidez tan grave que la organización advirtió que colapsaría en cuestión de días si no recibía financiamiento inmediato.
“El MCCLA está gastando 50 mil dólares al mes (12 mil dólares por semana) por encima de sus ingresos, y actualmente no percibe nada”, escribieron ambos, añadiendo que una inyección de 300 mil dólares “evitaría el cierre definitivo del centro antes del 30 de junio de 2026”.
Incluso en el caso improbable de que se desembolsaran todas las subvenciones pendientes de la SFAC, el correo advertía: “El MCCLA no podrá retomar fácilmente sus actividades programáticas ni reabrir el espacio para uso público bajo ningún concepto”.
Sumado a esto, según indica el documento, “el estado actual de las cosas impide que el MCCLA genere ingresos propios”.
“Si la SFAC se compromete a liberar, aunque sea de forma eventual, una parte de las subvenciones pendientes”, añadieron, “podremos ampliar líneas de crédito o comenzar a solicitar apoyo a otros posibles donantes de buena fe. Sin nuevos fondos, el MCCLA entrará en estado de insolvencia el 20 de enero”.
Ante la ausencia de los fondos solicitados, Sánchez y Jentzsch plantearon cuatro alternativas posibles: declarar la quiebra; fusionarse con otras organizaciones artísticas no lucrativas, como SoMa Arts o Galería de la Raza; crear una estructura de supervisión interina bajo el patrocinio fiscal de una “organización con valores afines o incluso de la propia SFAC”; o realizar una “reestructuración total” del MCCLA.

En su apogeo, el MCCLA brindaba servicios a unas 20 mil personas por año. Su legado histórico incluye más de 10 mil grabados que documentan los sucesos del Distrito Misión a lo largo de cinco décadas, así como celebraciones del Día de Muertos, el Carnaval y exposiciones en honor a mujeres artistas.
En septiembre, Martina Ayala, quien ocupaba entonces la dirección ejecutiva, informó que los daños por inundación en el edificio la habían obligado a realizar recortes de personal.
No obstante, la Ciudad cuestiona esa versión: “La Ciudad cubrió la mayor parte de los costos de reparación por la inundación”, señaló Coma Te, responsable de comunicación de la SFAC. “Sugerir que el despido de personal está relacionado con los daños del agua parece inexacto”.
Ante el inicio de las obras de reforzamiento sísmico previstas por la Ciudad para 2027, Ayala afirmó que necesitaba recaudar 4 millones de dólares para el traslado del centro este verano. Presentó su renuncia el 15 de diciembre.
Por su parte, Te aclaró que la “SFAC otorgó al MCCLA 490 mil dólares en fondos de reubicación para ayudar con los preparativos de la mudanza”. Añadió que “esta cantidad se sumó a la subvención operativa anual, que el año pasado fue de 682 mil dólares”.
“Era responsabilidad de la organización planificar y recaudar cualquier monto adicional que se estimara necesario (entre 2 y 4 millones de dólares) para el traslado temporal durante las obras de remodelación”, señaló el funcionario.
Desde su fundación en 1977, el este centro cultural ha pagado un dólar anual de alquiler como parte de un acuerdo entre activistas latinos y la Ciudad para reactivar un espacio que antiguamente albergaba una mueblería. A cambio, la organización asumió la responsabilidad de la operación diaria y el mantenimiento del edificio.
Con el tiempo, este núcleo de arte y educación se convirtió en el hogar de La Raza Graphics y, más tarde, de Mission Graphics; talleres donde se crearon carteles y volantes de artistas de gran relevancia como Calixto Robles, Ester Hernández, Juana Alicia y Herbert Sigüenza.
Dicha cartelería documentó la historia local, anunciando festivales, marchas y conciertos por todo el Distrito Misión y San Francisco.
El domingo 25 de enero, bajo un ambiente de urgencia y pesar, un pequeño grupo de personas voluntarias acudió al centro con una determinación silenciosa y un objetivo: empacar y resguardar la mayor cantidad posible de los carteles que forman parte del archivo histórico, el cual posee además un potencial valor comercial.
“Acabo de ver un cartel sobre migración de los años ochenta que podría ser totalmente actual”, comentó Eva Martínez, encargada voluntaria del archivo del MCCLA, subrayando la vigencia de las obras. Martínez también colabora en el archivo de Acción Latina, la organización sin fines de lucro que publica El Tecolote.
“No sabemos qué va a pasar”, reconoció Martínez. “Así que no queremos arriesgarnos a perder el acceso a documentos, computadoras o archivos institucionales”.
Mientras guardaba carteles en cajas, el historiador local Chris Carlsson reflexionaba sobre la obra que tenía ante sí: “Estas piezas son una parte esencial de este barrio”, comentó este autor de Hidden San Francisco, y añadió que las obras representan “un legado inmenso de las luchas sociales que definen nuestro lugar en el mundo”.
Las colecciones del archivo se trasladarán temporalmente al almacén de Bob Sánchez —presidente de la mesa directiva— en Hayward, y al Centro de Recursos Comunitarios La Raza, mientras el grupo organizador continúa buscando opciones de almacenamiento en la zona.


