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Propietarias de cafetería deciden pasar la estafeta a empleado antes que ‘venderse’

Propietarias de cafetería deciden pasar la estafeta a empleado antes que ‘venderse’

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Cuando las hermanas Lozano, copropietarias de L’s Caffé —Gabby, Lourdes y Rosy— crecían en la Ciudad de México, su madre tenía una fuente de sodas. Por las tardes, cuando las chicas salían de la escuela, regresaban a ayudarle.

“Queríamos algo así, similar a lo que tenía mi madre”, recuerda Lourdes. Entonces decidieron abrir su propia cafetería en la Misión. Cuando L’s Caffé abrió sus puertas por primera vez en noviembre de 2005, carecían de los permisos necesarios para la preparación de alimentos, por lo que durante los primeros tres meses lo único que  que podían vender era café y pasteles.

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Al inicio, sus padres jugaron un papel fundamental: “Somos una familia muy unida”, dijo Lourdes. “Siempre nos apoyaremos mutuamente”. Su madre, doña Martha Juárez “se paraba en la entrada dando muestras de café a los transeúntes”, recuerda Gabby. Y su padre, don Alfredo Lozano, dirigió el proyecto de remodelación.

Cuando L’s Caffé abrió, junto con Philz Coffee, eran las dos únicas cafeterías en el corredor de la Calle 24. Cuando Erick Argüello, organizador de la Asociación de Comerciantes y Vecinos de la Calle 24, visitó L’s por primera vez, se mostró escéptico. “Para nosotros, fue como parte de la gentrificación, las cafeterías pueden tener esa sensación”, recuerda.

Pero pronto vio la diferencia: “Nos sorprendió gratamente que estaba muy orientado a la familia, hablaba español y daba la bienvenida a todos”. Y a medida que L’ Caffé creció, también lo hizo su participación en la comunidad.

Y a medida que L’s Caffé fue creciendo, también lo hizo su participación en la comunidad. Las hermanas Lozano no solo se unieron a la Asociación de Comerciantes y Vecinos de la Calle 24, sino que L’s se convirtió en el epicentro de muchas de las reuniones estratégicas que permitieron que esa asociación creciera y se convirtiera en lo que ahora es el Distrito Cultural Latino Calle 24.

“Se convirtió en un lugar donde la comunidad se congregaba”, dijo Argüello. “Nos reuníamos allí con funcionarios de la ciudad, con DPW, y teníamos grandes reuniones comunitarias”. Llegó un momento en que la Asociación de Comerciantes y Vecinos usaba el espacio con tanta frecuencia “nos dejaban usar el negocio en la noche, cuando no estaban allí, así que creamos esa confianza, con el tiempo, hasta el punto en que teníamos llave algunas veces”.

La cafeína de L’s ha impulsado 15 años de organización comunitaria y cultural, prestando su espacio a comités de planificación para eventos como el Carnaval y el Desfile César Chávez.

Cuando David Campos anunció por primera vez que se postulaba para Supervisor del Distrito 9, celebró su primera fiesta en L’s, “y hasta el día de hoy continúa organizando reuniones al menos una vez por semana” en la cafetería, dijo Gabby.

Durante muchos años también funcionó como una galería comunitaria, presentando el trabajo de artistas locales que trabajan en acrílico, pastel y óleo, “incluso edredones hechos a mano por [residentes del] 30th Street Senior Center”, recuerda Gabby. “Fue utilizado como un lugar de música en vivo donde prosperaron las cooperativas”, agregó.

Después de 15 años de compartir momentos como estos con su comunidad, “Creo que todos estamos entrando en una etapa diferente en nuestras vidas”, dijo Rosy. Gabby hace un trabajo gratificante como Enlace Comercial para el Distrito Cultural Latino Calle 24, y su experiencia en ayudar a los comerciantes de la comunidad la mantiene en alta demanda.

Por su parte, Lourdes y Rosy viven en Oakley y Antioch, respectivamente, por lo que les es difícil llegar a la cafetería, y ambas quieren pasar más tiempo con sus familias. “No pasé mucho tiempo con mis hijos”, dijo Rosy, que estaba embarazada de su primer hijo cuando firmaron el contrato de arrendamiento del café en 2005. Por estas razones, las hermanas tomaron la difícil decisión de vender el negocio. “Todo en la vida tiene un final”, dijo Rosy. “Tuvimos un buen trayecto”.

Inicialmente, las hermanas Lozano trabajaron con una agencia de bienes raíces para encontrar un nuevo propietario. “La gente que llegaba traían la idea de convertirlo en un lugar caro… querían cambiarlo por completo”, dijo Lourdes. 

A las hermanas no les gustó la idea de que su espacio fuera ocupado por un negocio que gentrificaría aún más el corredor: “Han sentido los impactos de la gentrificación”, dijo Argüello. “Han visto a su clientela cambiar… los primeros clientes que estaban allí, después de tres o cuatro años, desaparecieron y entró otra multitud distinta… estaban muy conscientes de lo que estaba sucediendo”.

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Entonces las hermanas dejaron al agente de bienes raíces y se dieron cuenta de que el sucesor ideal de L’s Caffé había estado justo frente a ellas todo el tiempo: un empleado llamado Santos López. Originario de Yucatán, tenía 20 años cuando llegó a la Misión, donde ha vivido desde entonces. Todo ese tiempo ha trabajado en la industria restaurantera, al igual que la mayoría de sus familiares en San Francisco.

Cuando comenzó a trabajar en L’s hace casi tres años, las hermanas notaron su impulso e iniciativa. “Como empleado, nunca tuve que decirle qué hacer, él aparecería y comenzaría a hacerlo”, dijo Lourdes. “Siempre está tratando de mejorar las cosas”.

Un día, Lourdes le preguntó si alguna vez había pensado en abrir su propio negocio, y López dijo que sí. Entonces Lourdes conversó con sus hermanas y todas coincidieron en que era un candidato ideal. Le hicieron una oferta y se tomó alrededor de un mes para pensarlo. “Hay algunas oportunidades que, cuando se te presentan, tienen que aprovecharlas, porque no sabes si obtendrás otra”, dijo López, quien llevaba una camiseta estampada con las palabras “tomador de riesgos” durante nuestra entrevista. 

Y dado que Santos comparte una inicial de apellido —López— con las hermanas Lozano, mantendrá el nombre de L’s Caffé. “Ya estaba escrito”, dijo Rosy.

Si bien López espera darle al lugar su toque personal, “no quiero moverle a un lugar que ya está hecho, tiene sus propios clientes, y eso es suficiente, solo quiero agregar algunos clientes con algunas cosas nuevas”, dijo. Ahora que los vecinos y los clientes comienzan a escuchar la noticia de que las hermanas Lozano se van, “vienen y lloran… y es difícil para nosotros porque amamos mucho este lugar”, dijo Lourdes.

“Pusimos nuestras almas y nuestros corazones en lo que hicimos”, dijo Rosy. “Gabby está muy involucrada en la comunidad y, a través de ella, seguiremos siendo parte de la cultura y de todo el Distrito de la Misión… no nos vamos a ir… Gabby se asegurará de eso”, agregó.

“Apoyen a Santos, es una gran persona”, dijo Lourdes. “Estamos agradecidas por estos 15 años que estuvimos aquí, fue una experiencia maravillosa… estamos tristes, pero también felices por haber estado aquí”. 

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