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Confrontación del racismo en el discurso contestatario latino

Durante las últimas semanas, hemos visto protestas contra la violencia policial y el racismo institucional a lo largo de la nación y el mundo. Las protestas empezaron en Minneapolis, y fueron provocadas por el asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco. Este ha sido el último caso en una serie de asesinatos contra personas afro descendientes, incluyendo recientemente a Ahmaud Arbery y Breonna Taylor. 

Aunque la mayoría de las protestas han sido pacíficas, hubo mucho discurso a través de los medios y las redes sociales acerca de los saqueos que sucedieron durante la primera semana de las protestas. Muchos miembros de la comunidad latina criticaron la violencia y el vandalismo que según las protestas traían.

Hubo publicaciones en las redes donde muchos decían no estar de acuerdo con el ‘vandalismo’, el ‘desorden’, y la ‘violencia’ de las protestas. Criticaban el hecho de que algunos negocios habían sido destruidos, y preguntaban públicamente, sin ningún esfuerzo de entender la angustia de la comunidad negra, ¿cómo es que estas protestas puedan llegar a una solución? Esto me incomodó, pues era una reflexión de la anti-negritud que existe dentro de la comunidad latina. Lo que hacían estas personas, al enfocarse en la violencia de las protestas en vez de la violencia policial, era contribuir al racismo de este país. 

¿Cómo y por qué? Usted me pregunta. Primeramente porque al hacer esto, se demuestra que no hay ningún esfuerzo para entender la angustia que siente la comunidad negra contra el racismo institucional que ha existido por más de 400 años. El primer esclavo africano llegó a norteamérica en 1619. La emancipación de los esclavos en los EEUU no ocurrió hasta 1863. Después de esto, las personas afroamericanas fueron segregadas, encarceladas masivamente, y fueron linchadas públicamente. En varias ocasiones fueron vetados institucionalmente de comprar propiedad privada, de ir a la universidad, o de tener buenos trabajos. 

En 1921, una ciudad afroamericana próspera, llamada Tulsa, fue destruída por personas blancas racistas. Durante el movimiento de los derechos civiles, cuando personas afroamericanas protestaban pacíficamente contra la discriminación, la policía utilizó a perros, mangueras de bomberos y violencia para reprimir las protestas. 

A fines de los 1960 se aprobaron varias leyes de derechos civiles que aumentaron los derechos a las personas de color. Sin embargo, la discriminación continúa hasta hoy. Personas afrodescendientes son desproporcionadamente encarceladas, sus comunidades tienen mucho menos recursos que las de personas blancas, y tienen más probabilidades de morir a manos de la policía que cualquier otra raza en los EEUU. 

Es decir, el racismo y la discriminación contra personas afrodescendientes en este país abunda. Por más de 400 años, han sido oprimidas por el estado estadounidense. Ahora, imagínese si después de tanta lucha la policía le mata a su hijo solo por andar en el tren como pasó con Oscar Grant. Imagínese si la policía le matara a su hija en su propio hogar mientras dormía, una licenciada médica, sin récord criminal, como pasó con Breonna Taylor. Imagínese la angustia y el dolor de la pérdida. Imagínese el enojo que sintiera si esa pérdida fuera un asesinato injusto. Imagínese sentir ese dolor perpetuamente en varias ocasiones como lo ha hecho la comunidad negra después de 400 años de lucha. Lo que vemos en estas protestas no son a criminales, sino almas quebrantadas, que después de luchar por tanto tiempo en varias formas, aún son víctimas de la represión y la discriminación.

Foto: Brooke Anderson

Entonces, al enfocarnos en la violencia de las protestas, en vez de la injusticia de la policía y del racismo institucional, invalidamos la angustia profunda que sienten millones de personas en este país, a través del mundo, y dentro de nuestra comunidad. Invalidar esa experiencia es justificar a las autoridades, quien funcionan de forma racista. Justificar a las autoridades es contribuir al racismo.

Muchas personas decían estar contra el ‘vandalismo’, el robo de tiendas, y la destrucción de propiedad privada. Con más contexto, nos damos cuenta que en realidad esas personas no están contra la violencia, si no que están en contra de ella si es llevada a cabo por personas afrodescendientes. Esto es racismo.

Explico. La riqueza de Europa y de los EEUU fue acumulada precisamente por el saqueo, el robo, y la destrucción de Latinoamérica. El territorio de este país se expandió como resultado del genocidio de comunidades indígenas, y con el robo y la destrucción de sus tierras y cultura. Su riqueza fue en gran parte acumulada gracias a la labor gratuita de esclavos africanos. Esto es robo. A través de los siglos y hasta la fecha, se ha robado los recursos de Latinoamérica, y ha causado mucha destrucción en México, Guatemala, El Salvador, Chile y Haití, por mencionar solo algunos. 

Recientemente los EEUU ha destruido a Iraq, a Afganistán, y a Venezuela. Sin embargo, muchas de las personas que han criticado las protestas jamás lo harían con el estado estadounidense. Estas personas no están contra el vandalismo, contra el robo, contra la destrucción, contra la violencia, solo lo están cuando son llevadas a cabo por personas no-blancas. Criticar la violencia cuando es llevada a cabo por personas no-blancas, pero no tomar el tiempo de criticarlas cuando son llevadas a cabo por un estado blanco (EEUU), es racismo.

Tercero, muchos preguntaban qué solución traería la violencia de las protestas. A esto respondo con dos razones. Primero recordemos que todos los derechos que tenemos las minorías en este país fueron ganados con violencia, con resistencia. Gracias a esa resistencia, hoy tenemos algunos derechos. Es más, este país y todos los latinoamericanos obtuvieron su independencia con violencia. ¿Por qué vemos a estos revolucionarios como libertadores, pero vemos las protestas actuales como un desorden? 

El punto aquí es que la violencia sí produce resultados y soluciones siempre y cuando es intencional y con la meta de alcanzar la justicia, y este es exáctamente el caso de las protestas de hoy. Es más, las protestas ya han causando cambios positivos, y lo seguirán haciendo. Por fin, recordemos como mucha de la violencia en estas protestas es llevada a cabo por la policía, más que por los mismos manifestantes.  No digo que todas las instancias de violencia que hemos visto son justificadas. Reconozco que hay complejidad en el asunto. Sin embargo, en vez de usar mi energía para criticar una pequeña parte de las protestas, la usaré para apoyar a la comunidad negra.

Es importante apoyar la lucha negra. Pues, además de ser una lucha justa, la afrodescendencia es parte íntegra de nuestra latinidad, entonces la lucha negra es la lucha latina. Reconocer y confrontar el racismo dentro de la comunidad latina es parte de esta lucha. Entonces reconozcamos, que al criticar las protestas que hemos visto, lo que hacemos es negar la experiencia negra, es negar la angustia que esta comunidad ha sentido por más de 400 años. Negar esta experiencia es racismo. Mejor usemos nuestro tiempo y energía para criticar las injusticias de la policía y del racismo institucional en los EEUU. 

Daniel Márquez estudia Economía Política en UC Berkeley y conduce investigación en el Latinx Research Center (LRC). 

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