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Adelanto 9: huelguista de hambre describe abusos en prisión

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Qué haces cuando te encuentras ante la disyuntiva de permanecer en tu país donde podrías ser asesinado o ir a un país completamente nuevo donde la aceptación de tu llegada no está garantizada? Para Josué Mateo Lemus Campos, de 24 años, estaba claro: el peligro de quedarse en El Salvador valía la incertidumbre de huir a los EEUU.

Campos salió de San Salvador el 13 de marzo de 2017, luego de darse cuenta que miembros de pandillas lo querían matar. En abril, se unió a una caravana de refugiados en Chiapas, México, donde junto a otros 250 centroamericanos se dirigió hacia el norte. Después de cruzar la frontera de los EEUU con la esperanza de llegar a Los Ángeles, él y otros se subieron a una camioneta, pero después de unos pocos kilómetros, fueron detenidos por agentes de inmigración.

Después de su captura, Campos fue entrevistado por un oficial de la Patrulla Fronteriza y pese haber explicado que estaba buscando asilo, fue llevado al Centro de Detención Adelanto, ubicado en el condado de San Bernardino.

Josué Mateo Lemus Campos, originario de El Salvador y uno de los nueve huelguistas de hambre de Adelanto, fue liberado de ese centro de detención el 27 de noviembre. Cortesía: Josué Mateo Lemus Campos

“Tenía miedo de estar encerrado por mucho tiempo”, dijo Campos en una entrevista telefónica desde Adelanto. Fue liberado el 27 de noviembre y vive con su tío al sur de California.

El 12 de junio, Campos y otros ocho formaron lo que se conoció como el #Adelanto9, un grupo de ocho salvadoreños y un hondureño que se unieron e iniciaron una huelga de hambre. A pesar de que más detenidos finalmente se unieron, los nueve que iniciaron la huelga fueron Isaac López Castillo, Marvin Grande Rodríguez, Alejandro Burgos Mejía, José Cortez Díaz, Omar Rivera Martínez, Luis Peña García, Julio Barahona Cornejo, Campos y Julio Valladares Jiménez (que tiene ya ha sido deportado). Sus demandas incluyeron un mejor trato, mejor alimentación, atención médica adecuada, fianzas menores y asilo político.

“La comida es tan mala”, dijo Campos. “Ni siquiera los animales querrían comérsela”. Refirió que la comida parece de perros y que los detenidos no reciben atención médica adecuada. Se les dan pastillas para el dolor, pero no reciben la atención adecuada. Las fianzas ascienden hasta $35 mil y, sin un patrocinio, esos montos son imposibles de pagar. La fianza de Campos se fijó en $30 mil.

La huelga de hambre duró unos días, pero los participantes tuvieron que pagar un precio por su activismo. Al enterarse de lo que estaban haciendo, los oficiales comenzaron a usar gas pimienta sobre ellos. Según Campos, le rociaron los ojos y el área genital, dejándolo con problemas en la piel hasta la fecha. Los huelguistas también fueron esposados ​​y puestos en confinamiento solitario.

“Sin lograr ser persuadidos, en las semanas siguientes unieron fuerzas con detenidos haitianos para lanzar huelgas de hambre aún más grandes”, escribió Alex Mensing, coordinador del proyecto Pueblo sin Fronteras —una organización dedicada a proporcionar refugio y seguridad a los migrantes y refugiados en tránsito. Mensing trabajó directamente con #Adelanto9 para ayudar a asegurar su liberación.

“Hay informes que afirman que [los detenidos] aún no están recibiendo tratamiento por afecciones médicas”, dijo Jennaya Dunlap, coordinadora de respuesta a emergencias de la Coalición de Inmigración Interior (IC4IJ, en inglés). IC4IJ fue una de las muchas organizaciones de todo el país en lugares como San Diego, Los Ángeles, Tennessee y San Francisco, que ayudaron a recaudar fondos y concientiziar sobre los detenidos.

Dunlap explicó que el recuento promedio de muertes en los centros de detención en todo el país varía de seis a ocho por año. Sin embargo, en 2017, hubo solo tres muertes en el Centro de Detención Adelanto, todas las cuales ocurrieron en la primera mitad del año.

Mensing dijo que Luis Peña García, uno de los nueve huelguistas, fue liberado con una fianza de $10 mil, y después de recibir donaciones, la fianza fue cubierta.

“La primera comida de Luis como hombre libre fueron dos tacos de carne asada y una coca cola”, escribió Mensing en un correo electrónico. También agradeció a Mark Kleiman, Undocumedia, Human Rights Alliance e Indivisible Morongo Basin por ayudar con su caso.

En cuanto a Campos, fue liberado a fines de octubre, luego de que su fianza se redujera a $5 mil, gracias a la ayuda de Al Otro Lado, Innovation Law Lab y a estudiantes de derecho de la U.C. Irvine, segun informó Mensing.

Story by: Destiny Arroyo