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Programa piloto para indigentes ve cierto éxito

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Las columnas blancas alineadas a ambos lados de la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista, soportan el techo de lo que se ha convertido en un santuario para los ciudadanos indigentes de San Francisco.

Bajo los vitrales resplandecientes, una línea naranja de colchones se forma en el suelo de madera de la iglesia ubicada en el Distrito de la Misión cada mañana entre semana, para proveer de un espacio seguro a los indigentes donde pernoctar toda vez que sus campamentos se han convertido en blanco cotidiano de las autoridades municipales, organismos y la policía.

Y aun cuando los campamentos de indigentes continúan instalados en diversas áreas de la Misión —sobre todo en la calle División— existen organizaciones que han dedicado su tiempo a la búsqueda de opciones alternativas para estas comunidades en San Francisco.

El Proyecto Gubbio es uno de estos; es una organización no lucrativa que provee de albergues temporales a indigentes en el Tenderloin y la Misión. Gubbio se asoció con la iglesia de San Bonifacio en Tenderloin y, más recientemente, la de San Juan Evangelista, como parte de un programa piloto de seis meses.

“Todo va muy bien”, dijo el padre Richard Smith —vicario de la iglesia de San Juan. “No puedo imaginar que haya sido mejor. Ha sido realmente un matrimonio hecho en el cielo”.

El programa piloto fue programado para terminar el 30 de junio, pero Gubbio y la iglesia decidieron continuar su asociación, según informó Smith. Su objetivo no es ayudar a resolver la crisis de la vivienda en San Francisco, sino ofrecer opciones para la comunidad de indigentes.

En abril pasado, el alcalde Ed Lee anunció las acciones ofensivas a lo largo de la ciudad en todos los campamentos de indigentes.

El 7 de abril un agente de la policía de San Francisco, el sargento Nate Steger, y el oficial Michael Mellado acribillaron a balazos a Luis Góngora Pat, un indigente e inmigrante mexicano de 45 años de edad, en la calle Shotwell. Al contrario de algunas declaraciones de testigos, la policía alegó que Góngora apuntó hacia los oficiales con un cuchillo. Después del tiroteo, Lee hizo eco a su preocupación por la seguridad pública.

“No es sólo que la gente no se siente segura alrededor de los campos —no son seguros”, dijo Lee a Matier y Ross al San Francisco Chronicle. “Cuando se trata de la seguridad pública, no voy a comprometer estos campos”.

En febrero pasado, con el aumento de turismo previsto para la celebración del Super Bowl 50, Lee declaró una emergencia de salud pública, y la ciudad comenzó a barrer y desmontar los campamentos.

José Eloi, un inmigrante, que se negó a proporcionar su apellido, solía acampar en la calle División, pero dijo que se reubicó a las calles Shotwell y Harrison, por estar menos ocupada esa área y rodeada solo de almacenes.

“Yo solía acampar en División, pero los dueños de las tiendas siempre llamaban a la policía”, dijo José. “Y tengo que ser cuidadoso debido a mi estatus legal.

A los huéspedes en la de San Bonifacio, se les permite dormir en los bancos de la iglesia de lunes a viernes de 6 de la mañana a 3 de la tarde. Los congregados en la de San Juan, usan sillas en lugar de bancos, que se sustituyeron por colchones ComforPedic, que se utilizan todos los días de la semana desde las 6 de la mañana a mediodía.

“Nuestros usuarios se han sorprendido de lo cómodo [los colchones] que son”, dijo Smith. “Realmente no se sabe hasta que uno se recuesta en ellos y los prueban. Afortunadamente, son muy suaves y cálidos, y conservan el calor, por lo tanto han ayudado bastante”.

Smith dijo que el programa piloto no podía haber llegado en mejor momento, teniendo en cuenta los levantamientos de los campamentos de indigentes.

Al inicio del programa, la iglesia sólo asistía alrededor de 15 a 20 personas diariamente. A lo largo de los últimos seis meses, las cifras aumentaron debido al clima lluvioso, según comentó Smith.

Pero con un proyecto que cuenta con solo una plantilla de dos empleados a tiempo completo y cuatro a medio tiempo, el de Gubbio se basa en el voluntariado.

“El Padre Richard ha sido genial”, dijo José López, quien fue el coordinador de voluntarios en el proyecto Gubbio. “Si hubiera un puñado de gente como él, el mundo sería un lugar mejor. No podríamos haber conseguido el apoyo de la iglesia y el personal”.

Gubbio también ofrece a sus huéspedes un desayuno, que incluye una comida a base de huevos revueltos y bebidas calientes como café y té.

Restaurantes y grupos de apoyo de la Misión también han contribuido con la donación de artículos, tales como productos de panadería y de higiene, informó Smith.

“El Proyecto Gubbio ha sido un tremendo regalo para mi parroquia y estamos muy honrados de colaborar con ellos”, dijo Smith. “Ha llegado en un momento muy crítico en San Francisco y me alegro que hayamos tenido el privilegio de ayudar a la comunidad de esta forma”.

Story by: Adrian Pintor