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Organización para indigentes encuentra refugio en la Misión
El Gubbio Project es el único en el país que ofrece un lugar seguro para pernoctar en la Iglesia San Bonifacio en el Tenderloin, y una segunda sede recién se abrió en la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista en la Misión. Foto Jeanette Antal/Courtesía el Proyecto Gubbio
El Gubbio Project es el único en el país que ofrece un lugar seguro para pernoctar en la Iglesia San Bonifacio en el Tenderloin, y una segunda sede recién se abrió en la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista en la Misión. Foto Jeanette Antal/Courtesía el Proyecto Gubbio

Desde la calle Capp hasta la Avenida Potrero, hileras de lonas y carpas salpican las calles de la Misión, acompañados por senderos de heces fecales y vidrios rotos esparcidos por las aceras.

Los numerosos campamentos de indigentes —una imagen muy común entre las calles 17 y 19 en la avenida Treat, Folsom y Shotwell ha motivado a muchos grupos de la comunidad, como el Proyecto Gubbio, a encontrar soluciones.

Este proyecto es una organización que ofrece a la comunidad de indigentes del Tenderloin un espacio seguro donde pasar la noche, estirarse y disfrutar de momentos de soledad.

Fundada por el Reverendo Louis Vitale en abril de 2004, fue nombrado a partir del nombre del pueblo Gubbio, en Italia, en donde se dice que San Francisco puso fin a un conflicto entre un lobo hambriento y los lugareños. Para el 15 de diciembre, Gubbio ofrecerá sus servicios los cuales incluirán cobertores, vales de ropa, sanitarios libre de drogas y cortes de cabello semanales, esto en el barrio de la Misión.

De acuerdo con la encuesta 2015 San Francisco Point-In-Time Homeless, la población en calle y albergues fue de 7,539, incluyendo a 853 jóvenes. Cerca de 3,200 de ellos cuentan con albergue, el resto se encuentra en las calles.

El Gubbio Project es el único en el país que ofrece un lugar seguro para pernoctar en la Iglesia San Bonifacio en el Tenderloin, y una segunda sede recién se abrió en la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista en la Misión. Foto Alexandra Velasquez
El Gubbio Project es el único en el país que ofrece un lugar seguro para pernoctar en la Iglesia San Bonifacio en el Tenderloin, y una segunda sede recién se abrió en la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista en la Misión. Foto Alexandra Velasquez

Gustavo, quien prefirió no decir su apellido, ha estado en las calles por casi un año. “Perdí mi hogar a comienzos de este año. Es muy caro”, dijo. “No me gusta ir a los albergues porque son una pérdida de tiempo al no poder obtener un cuarto”.

La ubicación de Gubbio en el Tenderloin —en la iglesia de San Bonifacio, ubicada en el número 133 de la avenida Golden Gate— ofrece sus bancas para que los indigentes duerman de lunes a viernes de 6 de la mañana a tres de la tarde. Unos 95 huéspedes duermen en la iglesia cada día, y la mayoría utilizan los servicios de higiene personal del proyecto. La sede Misión de Gubbio está en la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista, ubicada en el número 1661 de la calle 15 (entre las calles Misión y Valencia).

Involucrando a la comunidad
Con un personal de solo dos empleados de tiempo completo y cuatro de medio tiempo, Gubbio depende del apoyo del voluntariado.

“Buscamos voluntarios que vengan con la mente abierta”, dijo el Coordinador de Voluntarios, José López. “Y que estén dispuestos a brindar acompañamiento”.

Gubbio ofrece sesiones de orientación los martes a las 12:35 p.m., las cuales incluyen una introducción sobre cómo formar parte. El 3 de diciembre, Gubbio tendrá un evento para recaudar fondos llamado “Blanket Statements”, que contará con la actuación del comediante W. Kamau Bell. Todo lo que se obtenga de fondos será destinado para la apertura de la sede del distrito de la Misión.

El primer contacto del Padre Richard Smith —Vicario de la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista— con Gubbio fue durante su asistencia al Consejo Interreligioso de San Francisco en septiembre, en respuesta a las abrumadoras necesidades de los indigentes. En esa ocasión, la directora ejecutiva de Gubbio, Laura Slattery, le refirió el proyecto.

“Siempre habíamos sentido que había algo más que debía hacerse”, dijo Smith. “Pero no sabíamos qué era o cómo hacerlo”.

Gubbio en la Misión es un programa piloto de seis meses, que concluirá el 30 de junio de 2016. Estará abierto todos los días entre semana de 6 a 10 a.m. El horario podría ampliarse en caso de que el programa llegue a arrancar.

“No puedo imaginar que no funcione”, dijo Smith. “Sé que funcionará y me siento muy bendecido por ello”.
Smith refirió que esta no es la primera vez que su iglesia da la bienvenida a grupos marginados.

Durante la guerra civil salvadoreña, en los años 1980, muchos refugiados llegaron a la Misión y encontraron protección en la iglesia. Las paredes fueron pintadas de rojo, simbolizando un lugar santuario.

Los gay también han recibido refugio de la iglesia durante la epidemia de SIDA en los años 1980 y 1990. Las cenizas de muchos de los que han fallecido víctimas de ese mal, han sido esparcidas en el jardín de la iglesia.

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El Gubbio Project es el único en el país que ofrece un lugar seguro para pernoctar en la Iglesia San Bonifacio en el Tenderloin, y una segunda sede recién se abrió en la Iglesia Episcopal San Juan Evangelista en la Misión. Foto Alexandra Velasquez

La congregación de San Jorge utiliza sillas —en lugar de bancas—  que se pueden quitar. Smith dijo que ComforPedic dono docenas de colchones que pueden desenrollarse y cargarse con facilidad.

La única regla es el ruido. “Alguien podría estar muy embriagado”, explica Smith, “lo cual está bien, siempre y cuando permanezcan callados”.

También comentó que la iglesia pretende permitir el acceso a pertenencias de los usuarios, como carritos de compra y cobijas, que podrían ponerse en un pequeño espacio de estacionamiento que hay detrás de la iglesia.

“No evangelizaremos a los huéspedes”, dijo López. “No estamos aquí para decirles que necesitan ayuda o que deberían hacer esto o aquello. Estamos aquí para encontrarlos en donde estén. Estamos aquí para escucharlos y caminar a su lado”.

—Traducción­ Katie Beas

Story by: Adrian Pintor