Now Reading
#AquiEstamosyNoNosVamos: Jóvenes activistas indocumentados en línea frontal

[su_carousel source=»media: 34749,34750,34751,34752,34753,34754,34755,34756,34757″ limit=»65″ link=»lightbox» target=»blank» width=»800″ height=»540″ responsive=»no» items=»1″]

Armada sólo con un megáfono, Sandy se paró frente al edificio de la US Citizens and Immigration Services (USCIS) en San Francisco en una reciente manifestación que exigía igualdad a su comunidad.

“El sistema de deportación de la nueva administración está a punto de llevarnos a todos”, gritó la voz de Sandy a través del altavoz, mientras llamaba a poner fin a los ataques dirigidos en contra de las comunidades de inmigrantes, que se han intensificado desde las elecciones de 2016. “Así que tenemos que solidarizarnos como estamos aquí hoy”.

Aproximadamente cien personas se reunieron en dicho lugar el 5 de junio, muchas portando carteles que decían: ‘Ningún ser humano es ilegal’ y ‘Liberen a Hugo y Rodrigo’. Sandy (que es indocumentada y pidió que su apellido no fuera usado para esta historia) ayudó a organizar la manifestación para sensibilizar a la gente sobre Hugo Mejía y Rodrigo Nuñez, dos hombres del área de la bahía que fueron detenidos en mayo por agentes de inmigración mientras trabajaban.

El estatus migratorio de Sandy no le impide luchar por los derechos de los inmigrantes. En 2015, fue arrestada por la SFPD por ocupar la oficina de la senadora Dianne Feinstein en San Francisco en protesta por un proyecto de ley que violaría la ordenanza de Ciudad Santuario de la ciudad.

Sandy también ha servido como intérprete para hispanohablantes en los mítines de inmigración.

El 5 de junio Sandy sirvió como traductora para Yadira Munguía, cuyo esposo de 18 años, Hugo Mejía, fue arrestado por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) el 3 de mayo en su trabajo a unos 80 kilómetros al noreste de San Francisco.

Mejía y su amigo Rodrigo Nuñez eran empleados de la empresa de construcción S & R Drywall, y se encontraban trabajando en un hospital ubicado en la Base Aérea Travis en Fairfield, California (que no es ciudad santuario). Cuando los oficiales militares les pidieron identificación y sus números de la seguridad social, los hombres entregaron su número de identificación individual del contribuyente (ITIN), algo que muchos inmigrantes indocumentados utilizan para ese efecto. Cuando los funcionarios supieron que los hombres eran indocumentados, fueron arrestados y detenidos por agentes de ICE.

Desde entonces, Munguía ha aparecido en múltiples manifestaciones públicas, dirigidas por activistas juveniles como Sandy, rogando con lágrimas por la liberación de su esposo y su amigo.

Este tipo de activismo público es algo que Munguía nunca había considerado antes de la detención de su marido. Aunque lleva 16 años en los EEUU, esta madre de tres hijos mantuvo el estilo de vida de bajo perfil que muchos padres indocumentados —incluso los que viven en ciudades santuario como San Francisco— se sienten obligados a vivir.

“Siempre tratamos de hacer las cosas bien, no meternos en problemas, pagar nuestros impuestos, no pedir nada al gobierno, siempre tratando de hacer las cosas nosotros mismos. No tratando de hacernos visibles”, dijo Munguía a El Tecolote. “Mi miedo se ha ido porque si quiero que Hugo y Rodrigo sean puestos en libertad, entonces tengo que luchar junto a los que me están ayudando”.

Jóvenes, indocumentados y sin miedo

Fue tras conocer a activistas juveniles como Sandy, quien es coordinadora estatal de la Alianza de Justicia Juvenil de Inmigrantes de California (CIYJA, por sus siglas en inglés), que Munguía vio por primera vez el marcado contraste entre su generación indocumentada y la juventud de ahora. A diferencia de sus padres que los trajeron aquí cuando niños, estos jóvenes indocumentados están optando por una vida de activismo y defensa pública.

“Comencé a hablar… [con un organizador de CIYJA] y me dijo que no tenía papeles, igual que yo, y le dije: ‘Te admiro aún más’”, dijo Munguía en español. “Le dije a mis amigos: No puedo creer que estos jóvenes, que son indocumentados como nosotros, están hablando y ayudando a muchas personas. Es admirable lo que están haciendo”.

Sandy comenzó a organizarse en 2011 como parte de la Alianza DREAM del Condado de Sonoma, luchando contra el número de deportaciones que se estaban llevando a cabo durante la presidencia de Obama. Ahora, bajo el gobierno de Trump, está luchando no sólo por las deportaciones, sino por la preservación de las políticas de la ciudad santuario y los derechos de los inmigrantes.

“Sabemos que llevamos a nuestras familias a cuestas cuando hacemos este trabajo”, dijo Sandy. “Estamos haciendo algo que ellos no tuvieron la oportunidad de hacer… Especialmente porque ahora estamos más unidos, estamos más organizados para responder”.

La audacia de estos jóvenes indocumentados tiene a muchos padres preocupados.

“Claro que me da miedo que  a mi hija le pueda pasar algo”, dijo el padre de Sandy, quien se negó a dar su nombre. “Mi hija siempre ha sido valiente y decidida. La primera vez que se involucró [en el activismo], y miré que le gustó y le tomó mucha importancia a todos los problemas que tenemos todos los inmigrantes. Que gente joven como mi hija luchen por nuestros derechos me llena de orgullo”.

Este tipo de activismo tiene un costo: en mayo, Claudia Rueda, una activista de 22 años de Los Ángeles, fue detenida por la patrulla fronteriza mientras trasladaba el automóvil de su familia fuera de su casa en Boyle Heights. Rueda fue detenida, según Sandy, en represalia por luchar en el caso de deportación de su madre.

“Su detención definitivamente me ha sacudido un poco”, dijo Sandy. “Porque constantemente estamos poniendo nuestra cara al frente de la línea. Es muy fácil ser señalado y atacado… Pero sabemos que si no somos nosotros, entonces alguien más va a ser atacado”.

La ansiedad sentida por los inmigrantes en el actual clima político está cobrando su peaje, incluso en aquellos que fueron inspirados por el movimiento DREAMer durante la administración de Obama para ser más abiertos sobre los derechos de los inmigrantes y ser indocumentado.

Augustine, de 24 años, originario de México, quien solicitó que su nombre real no sea publicado, es uno de esos inmigrantes. Su familia emigró a San Francisco cuando tenía tres años en busca de una mejor oportunidad de vida.

En un momento se sintió con el suficiente valor como para servir en la Comisión Juvenil de la Ciudad y contar su historia a grandes multitudes en varias ocasiones.

Desde que Trump asumió el cargo, Augustine se ha vuelto más cauteloso porque siente que hablar ahora podría ponerlo en peligro. Pero sigue comprometido a trabajar dentro del movimiento de derechos de los inmigrantes y apoyar a los indocumentados. Beneficiario de DACA, actualmente asiste al City College de San Francisco (CCSF) y espera convertirse en un abogado de inmigración.

Estoy tratando de hacer un impacto significativo”, dijo. “Quiero ser una voz para los demás”.

Augustine y Sandy sienten que ellos y otros más traídos aquí cuando niños, son tan merecedores de los derechos humanos básicos como cualquier otro americano, y están preparados para luchar por ellos.

“Creo que viene del hecho de no tener nada que perder”, dijo Sandy. “Resistir es nuestra forma de vivir con todos estos sistemas que continúan criminalizándonos y tratando de expulsarnos”.

Y por eso, el padre de Sandy está agradecido.

“Si tuve muchas esperanzas para mi y mi familia de estar legales en este país”, dijo el padre de Sandy, quien como muchos padres, sintió la estocada cuando murió la expansión de DAPA. “Este país es grandioso, y todos los inmigrantes cooperamos para hacerlo grandioso… Debería haber más hijos e hijas que luchen por todos los  inmigrantes”.

Esta historia se hizo en colaboración con Feet in 2 Worlds, un galardonado sitio de noticias y formación en periodismo con sede en Nueva York. Durante los últimos 13 años, Feet in 2 Worlds ha difundido el trabajo de periodistas entre una amplia gama de comunidades de inmigrantes tanto en radio como en internet.

Story by: Alexis Terrazas and Destiny Arroyo