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El Abogado del Diablo: La grandeza en los pequeños gestos

El Abogado del Diablo: La grandeza en los pequeños gestos

Carlos Barón y su nieto, Jiancarlo Pierre-Barón, el 17 de junio de 2017, durante la Tommie Smith Youth Track Invitational en la U.C. Berkeley. Foto cortesía de Carlos Barón
Carlos Barón, que en 1965 fue campeón sudamericano en los 200 metros y quien corrió en pista y campo en la U.C. Berkeley en los años 60, saluda al medallista de oro en los 200 metros durante las olimpiadas de 1968, Tommie Smith (a la derecha), y su hermano Ernie Smith, un velocista de la Universidad Estatal de Oregon, el 17 de junio en Berkeley. Foto cortesía de Carlos Barón

Apenas los Golden State Warriors ganaron su segunda corona basquetbolística en tres años, cuando ya comenzaron las especulaciones: ¿deberían aceptar una invitación a la Casa Blanca?

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Desde hace muchos años, los equipos deportivos, profesionales o amateurs (o semi profesionales, como los universitarios) son invitados a una ceremonia muy fotografiada con el presidente de los EEUU. Según la cadena deportiva ESPN, eso comenzó en 1865, cuando el presidente Andrew Johnson recibió a los Atlánticos de Brooklyn y a los Nacionales de Washington, dos equipos de béisbol.

No siempre ha sido una visita fácil. No todos los que han sido invitados han aceptado. Algunos claramente expresaron su deseo de no asistir por razones políticas, por estar en desacuerdo con quien ocupara en su momento la Casa Blanca.

Recientemente, Tom Brady, del equipo de fútbol americano Patriotas de Nueva Inglaterra, alegó el siempre popular ‘motivo familiar’. En 1991, el famoso Michael Jordan, basketbolista de los Toros de Chicago, decidió no ir a la Casa Blanca cuando era ocupada por George W. H. Bush. Su razón fue que ‘deseaba jugar golf’. ¡Seguro!

Pensé en estas cosas el sábado pasado, cuando fui a la Competencia Anual de Atletismo Juvenil, en la Universidad de California, en Berkeley. Había ido para alentar a mi nieto Jiancarlo, de nueve años (¡ganador del salto alto y de los 800 metros!), pero también deseaba, si era posible, platicar con el icónico velocista Tommie Smith. Después de todo, tuve el honor de competir con él en 1967 y 1968, cuando yo representaba a la UC Berkeley y él, la Universidad Estatal de San José.

Tommie Smith y John Carlos son dos ex miembros del equipo de atletismo de EEUU. En 1968, en los Juegos Olímpicos de México, se hicieron famosos al levantar sus puños enguantados y agachar sus cabezas durante la interpretación del himno nacional de EEUU. Los medios de comunicación lo llamaron un “saludo al Poder Negro”, aunque Smith después lo llamara un “saludo a los Derechos Humanos”. Muchos lo han denominado “tal vez el gesto más abiertamente político en la historia de los Juegos Olímpicos.”

Por ese gesto, Smith y Carlos, al igual que el corredor que llegó en segundo lugar, el australiano Peter Norman —quién expresó su solidaridad— recibieron fuertes críticas, sanciones e incluso amenazas de muerte. Muchos exigieron sus disculpas, ellos nunca lo hicieron.

Con el pasar del tiempo, esa acción se ha considerado uno de los más importantes y decisivos gestos en la terrible, contenciosa y aún no contada historia de las relaciones raciales en los EEUU, uno entre muchos otros gestos.

Smith y Carlos se pararon con sus puños en alto, cabezas agachadas; Rosa Parks rehusó sentarse en la parte trasera de un autobus; Coiln Kaepernick, el ex mariscal de campo de los 49 de Santa Clara, permaneció sentado (luego de arrodillarse) durante la entonación del himno de los EEUU, en protesta por la brutalidad policial. Todos fueron simples gestos físicos, aunque no había nada de simple en ellos si añadimos el contexto en el que fueron realizados.

Recientemente, Caille Millner, escritora en la Opinion Page del SF Chronicle, escribió acerca de cómo el tiempo ha cambiado la narrativa en los casos de Smith y Carlos. Agregaré a Rosa Parks en esa lista. El rechazo inicial dio paso a una merecida admiración por el coraje que tomó el pararse —o sentarse-— por lo que se cree.

Así, Millner predice que Kaepernick, quién ha sido muy criticado y no ha recibido ninguna oferta de trabajo, a pesar de su probado talento, será eventualmente reivindicado por la historia. Es famoso el discurso de Fidel Castro, en el cual declaró que “La Historia me absolverá”. Lo mismo ha de pasarle a Kaepernick. El tiempo está de su parte. ¡Si lo está!

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Quiero compartir un momento de cuando yo me atreví: tenía 15 años de edad y representaba a Chile en una competencia internacional de tenis, en Paraguay. Entonces, 1961, Paraguay vivía (o sobrevivía), bajo la dictadura de Alfredo Stroessner, quien estableció un reino de terror que duró 35 años, desde 1954 al 1989. Stroessner era un rabioso anticomunista, por supuesto apoyado por los EEUU, ya que este país ha perdido pocas oportunidades de estar en el lado equivocado de la historia, especialmente en lo referente a Latinoamérica.

Todas las delegaciones fueron invitadas al palacio presidencial, a una elegante recepción. Aunque era un adolescente, mi conciencia política también crecía. Pensé acerca de la posibilidad de que tuviera que darle la mano a ese dictador y decidí que no podía asistir. Mentí y dije que estaba enfermo. Recuerdo que tuve mucho miedo. Tal vez mi flaca excusa sería descubierta. Mas nada pasó. Tal vez pensaron que no podría estar haciendo una protesta política. Después de todo, el deporte y la política “no se mezclan.”

Hace unas semanas, mi hermana Ana María me contó que —pocos años después— ella había tenido una experiencia similar. ¡También con Stroessner, en Paraguay! Ella era la capitana del equipo de voleibol de Chile, en otro campeonato sudamericano.

Stroessner llegó a la inauguración del campeonato. A todas las capitanas se les entregó un ramo de flores y debían avanzar, una por una, a entregarlas al ‘Generalísimo’. Todas así lo hicieron, excepto mi hermana. Cuando llegó su turno, ella simplemente no se movió. Se quedó mirando fijamente hacia adelante, con el ramo de flores apretado fuertemente en sus manos. Estoy seguro de que su corazón palpitaba más rápido que lo acostumbrado.

El sábado pasado, pregunté a Tommie Smith cómo había marcado su vida ese gesto simple, puño en alto, cabeza gacha. “Al principio, no fue fácil, pero después mi vida cambió, se hizo mejor. Ahora, soy constantemente invitado a dar charlas, por todo el mundo. Soy un modelo para mucha gente”.

¿Que harán los Golden State Warriors? No lo sabemos, pero ojalá sean honestos consigo mismos. El tiempo estará de su parte.