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Una cuarentena veracruzana

Carlos Barón

El virus nos pilló en México. En el Puerto de Veracruz. Nuestras intenciones de volver a San Francisco en abril se frustraron bajo el peso del fenómeno global llamado coronavirus.

Nuestra cuarentena veracruzana no ha sido causa de pánicos ni de otros desquicios parecidos; por lo menos no hasta ahora, cuando escribo estas líneas.

México está enfrentando bien el problema. En mi modesta opinión, mucho mejor que los EEUU, u otros países como Chile o Brasil, copiones de ‘USA’. En esos tres países, ignorantes ‘sabelotodo’ han controlado y malogrado la información. Las redes sociales también agitan las llamas del miedo, aunque es importante decir que también a veces proveen mejor (y más variada) información.

Desafortunadamente, una espeluznante cantidad de autodidactas ‘expertos’ en salud, gurús y vaticinadores apocalípticos han surgido, como malignas callampas venenosas, pudriendo las ondas del Internet y causando temor y confusión. Al parecer, eso no ha pasado en México. Hasta ahora, no. Hoy, este país acaba de entrar en lo que llama oficialmente ‘Tercera Fase’ en su lucha contra el COVID-19. Lo declaró Hugo López-Gatell Ramírez, Subsecretario de Prevención y Promoción de Salud.

López-Gatell es un super estrella en el firmamento mundial de la salud. Al dar las 7 pm, mi mujer, su madre y yo nos sentamos frente al televisor y vemos el Reporte Diario. Éste es entregado por varios expertos de la salud, que comparten el escenario. Los políticos no aparecen, aunque un par de veces el Secretario de Asuntos Exteriores, Marcelo Ebrard, ha visitado el programa.

Es ahí donde brilla López-Gatell, una persona extremadamente afable y modesta. Aún mejor, un comunicador conocedor y claro. Alguien que inspira confianza y es capaz de bregar con la enorme tarea de informar y calmar al público que sintoniza el programa cada noche.

Lo que es refrescante y —bueno— saludable, es que el Subsecretario y otros doctores, mujeres y hombres, no se reservan sus opiniones. Por supuesto, se concentran en comentar los siempre cambiantes datos y estadísticas respecto al efecto del coronavirus en México, pero también expresan opiniones acerca de su impacto social y acerca de las raíces del problema. Aquí, las políticas neo-liberales son un constante blanco de estas y estos profesionales y sus referencias no son solo locales. Hablan acerca del calentamiento global, del capitalismo salvaje, de la codicia, o de la invasión de los hábitats naturales y animales por los seres humanos.

Ilustración: Alexis Terrazas

Al centro de todo, hay un personaje ficticio, que se ha hecho muy popular. Es el dibujo animado de una muchacha, vestida al estilo Mujer Maravilla, llamada ‘Susana Distancia’. Un juego de palabras muy acertado. Ella invita a la gente a mantener “su sana distancia”, extendiendo los brazos a los lados, para mostrar la distancia adecuada para prevenir contagios. Susana Distancia se ha hecho muy popular en México. Incluso se rumora que Disney está interesada en adquirir los derechos de la figura animada. Ojalá no se los vendan, aunque a mi me interesaría una camiseta con la imagen.

Nuestra cuarentena veracruzana también ha estado marcada por la interrupción de rutinas, por la disolución y confusión de un día a otro; por la sensación de ser presas de un enemigo invisible y peligroso. El entender que no estamos solos no siempre es un consuelo para estas circunstancias.

Sin embargo, donde estamos pasándola, hay elementos que ayudan a sobrellevar la cuarentena. Por ejemplo, los sonidos que llegan de la calle: muchos vendedores callejeros continúan ofreciendo sus productos y servicios. No tienen alternativa. Así, en distintas horas del día escuchamos sus llamadas.

El primero en aparecer es el que ofrece comprar fierros viejos, hieleras, camas, objetos de cualquier metal, ollas y sartenes, lo que sea. Usa un altoparlante para anunciarse. El que aparece más tarde, alrededor de las 10:30 pm, es el tamalero, con su altoparlante a todo volumen. Un par de veces al día, la paletera toca su campanita para tentarnos con helados artesanales. Su llamada es casi un canto: “¡Mangoooos! ¡Mameeeyyyyy! ¡Coooooocoo!”

Tal vez el llamado más emotivo es el del elotero, un viejo que pasa en un triciclo, vendiendo elotes, corontas de maíz cubiertas (según el gusto) de mantequilla, mayonesa, sal, diversas variedades de chiles; algunos ofrecen patas de pollo y tuétano de res. También ofrece los esquites, maíz desgranado y colocado en vasos plásticos, que se comen con una cuchara. El señor siempre parece que está rogando que le compremos: “¡Eloteees! ¡Esquites!”.

Pero la cuarentena nos inhibe y ya no compramos a los vendedores ambulantes. Estamos obedeciendo estrictamente la sugerencia de quedarnos en casa, que se transmite día y noche. En estos días, los sonidos de la calle en verdad se oyen más plañideros, más urgentes. Pero tenemos que cuidarnos del virus y resistir las tentaciones. ¿Tal vez la próxima semana? 

Son casi las 7 de la tarde. Es la hora del Informe Diario COVID-19, con el doctor López-Gatell y Susana Distancia. ¡Cuídense! 

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