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Hablando de abolición

Los asesinatos de Breonna Taylor, George Floyd, Andres Guardado, Bernardo Palacios-Carbajal y los muchos otros de gente negra y de color a manos de la fuerza policial han encendido conversaciones que van mas allá de este tema. Estos actos de violencia por parte del Estado han hecho que nuestras comunidades sean más conscientes de la condición fundamental en la cual nuestros sistemas económicos, sociales y políticos, son fundados: la supremacía blanca.  

La historia nos enseña que las instituciones del orden y el racismo están conectadas. La policía es el instrumento mediante el cual el Estado impone sus leyes. El sistema legal, en su centro, sirve para proteger a los propietarios y a su propiedad. La violencia extrajudicial contra la gente negra de parte de la policía deriva desde un principio cuando nuestro sistema consideraba a esta gente de su propiedad y dejaba que la gente blanca, los ‘dueños’, recurriera a la imposición de leyes y de fuerza policial para recuperar ‘esa’ propiedad. Hoy, la función de la policía sigue siendo la misma, proteger a los propietarios. Después de todo, George Floyd fue asesinado por el supuesto uso de un billete falso. 

Al no poder separar la supremacía blanca, tan profundamente arraigada, de nuestros sistemas políticos y legales, la justicia real únicamente se podrá conseguir cuando la policía como se le conoce, desaparezca. 

Es cierto que no tenemos todas las respuestas, pero sí un punto de inicio: en lugar de gastar en exceso manteniendo las actuales estructuras policiales, podemos comenzar asignando estos fondos a diferentes programas sociales que han demostrado mitigar la exposición de los individuos ante el sistema legal penal. Eso significa financiamiento a programas de salud mental, vivienda, empleo y educación. Al invertir en la creación de bases más equitativas para estos y otros servicios sociales, las condiciones materiales en nuestras comunidades mejorarán. Podemos enfocar nuestros esfuerzos comunitarios hacia la formación en lugar de criminalización.

Por supuesto, aquellos que cometen actos horribles como el asesinato o la agresión sexual deben ser juzgados. Pero un nuevo sistema de justicia penal debe centrarse en abordar las necesidades individualizadas tanto de la víctima como del perpetrador. La justicia individualizada garantizará que la víctima se recupere y de que el perpetrador tenga el apoyo para no reincidir. Cambiando nuestros esfuerzos hacia estas prácticas más restaurativas, en vez de nuestra respuestas violentas actuales, hará que nuestras comunidades sean más seguras para todos. Lo que es más importante, cuanto menos policía tengamos en las calles, permitirá que las personas negras y las personas de color se preocupen menos por sus propias vidas cuando corran en sus propios vecindarios, vayan a su trabajo, o duerman en sus casas.

En respuesta a las protestas en el Área de la Bahía por el asesinato de George Floyd, la policía de San Francisco hizo cumplir el toque de queda a partir de las 8 de la noche. Después de que oficiales advirtieron a los manifestantes afuera del ayuntamiento que se pondría en efecto la orden, dos de ellos fueron arrestados el 1 de junio de 2020. Foto: Benjamin Fanjoy

Todas nuestras comunidades pueden involucrarse en el movimiento si continúan aprendiendo y educando a otros sobre las instituciones racistas y opresivas que existen en la actualidad. Puede apoyar a organizaciones, tanto con su tiempo como con su dinero, que están trabajando para detener el impacto desproporcionado de estos sistemas, como el Opportunity Fund, el East Bay Community Law Center, People’s Breakfast Oakland, el Anti-Police Terror Project (APTP), y el BlackOut Collective. Puede localizar una organización y hacerla su ‘hogar político’ —un lugar para crecer, aprender y tener responsabilidad en la comunidad. Si puede votar, hágalo por candidatos que reflejen estos puntos de vista. También puede asistir la próxima acción directa o protesta de su comunidad.

Independientemente de cómo elija involucrarse, lo importante es mantener el impulso del movimiento. Sobre todo, necesitamos aprender sobre las razones por las cuales la policía y las cárceles existen y reconocer que la justicia y la policía no pueden coexistir: la policía, como la conocemos, se basa en el racismo, y el racismo nunca puede ser justo.  

Ariel Flores Mena es estudiante de la Escuela de Derecho en UC Berkeley y Co-Editor del periódico La Raza de esa misma institución.

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